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Semana Santa – Por Leopoldo Fernández

   

Estamos en plena Semana Santa, una época del año en la que el mundo cristiano conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, el hijo de Dios que se hizo hombre para salvarnos y cumplir así la promesa hecha a Abraham, considerado el padre fundador de Israel, y a todos sus descendientes. Hasta el concilio de Nicea, del año 325, estos siete días conmemoraban la fiesta de la madre tierra y la fertilidad al modo pagano. Para los creyentes, la semana, también llamada de Pasión, da pie a las manifestaciones litúrgicas más importantes del año -entre ellas la del jueves santo, con la celebración de los santos oficios para conmemorar la institución del sacramento de la Eucaristía-, así como a las mayores muestras de religiosidad popular centradas en las procesiones, cuyo origen tiene también tintes paganos y se remonta a los tiempos gloriosos de Atenas y Roma. Durante la Edad Media, estas manifestaciones externas de culto religioso adquirieron verdadera importancia y su consolidación la bendijo el Concilio de Trento al considerarlas instrumentos de conmemoración, persuasión y evangelización. Las cofradías y las hermandades semanasanteras surgieron en los primeros tiempos del cristianismo, a partir de la ascensión del Señor, como asociaciones de fieles de muy distintos fines religiosos y advocaciones, y estuvieron representadas por gremios, oficios, profesiones,etc., las cuales han ido evolucionando con los tiempos y con las reformas conciliares y sinodales. A pesar de secularizaciones y descreimientos, los actos de la Semana Santa siguen gozando de fuerte respaldo popular y de gran respeto social. Al fin y al cabo se trata también de tradiciones y costumbres ancestrales -como la gastronomía y los dulces propios de la Pascua, la liberación graciosa de presos, la utilización de matracas- que la sociedad conserva en su ADN histórico y que las mismas autoridades, sea cual fuere su color ideológico,vienen respaldando en apoyo de la libertad religiosa y de culto que pregona la Constitución del 78. Las conquistas sindicales y los avances en la producción en serie han traído consigo la implantación de los fines de semana para el descanso y el ocio, y en ese contexto se han ido imponiendo algunas fechas vacacionales en Semana Santa. Con lo que no resulta extraño ver cómo nuestras zonas residenciales, hoteleras, de ocio, etc. se llenan de visitantes y de viajeros de las islas, deseosos de disfrutar del buen tiempo y de unos días de asueto. Se produce así una simbiosis compatible entre quienes compaginan el descanso con la práctica religiosa. En todo caso, cada cual puede ir a su aire sin interferir para nada la libertad de los demás. Es la grandeza de la democracia y el signo de la libertad.