X
tribuna>

Soledad – Por Indra Kishinchand López

   

Soledad no es solo ausencia de compañía, sino también de color. Es vivir en blanco y negro, es caminar por una playa desierta, es oír el batir de las olas y pensar en negativo. Estar solo implica un sentimiento de melancolía; calles vacías, semáforos en rojo, la lluvia contra las ventanas.

Soledad es existir en un invierno infinito. Un paseo por un parque en el que las hojas han muerto debido al frío, un corazón que late despacio porque no le queda más remedio que latir, una vida y un cuerpo vacío por la desesperanza y encogido por el dolor. Un metro que pasa y se escapa. Un túnel sin salida, una luz tenue que indica que algo malo está a punto de ocurrir.

La visión de un viento helado que es capaz de congelar el alma y los sentimientos.

La soledad es una cara seria que mira sin ver nada, o una media sonrisa que demuestra falsedad y angustia. Un sofá en el que caben dos, ocupado por una sola persona. Son unos ojos verdes que hipnotizan y miran a un mar infinito.

Incomunicación es un libro abierto por una página cualquiera, viejo, amarillento y de olor inconfundible.

Es un escritorio desordenado, repleto de cosas innecesarias. Una fotografía antigua, un extenso campo de trigo al atardecer.

Aislamiento es un banco vacío, un piano en un salón lleno de cristaleras frente al mar, unas escaleras de madera, unos zapatos en la arena, un papel roto de tanto escribir, tinta negra derramada… Soledad es infelicidad.