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POLÍTICA > la crónica de la semana

Surrealismo en tonos pastel

   
Los alcaldes del PSOE en La Gomera revelan las razones de su rebelión. / FRAN PALLERO

Los alcaldes del PSOE en La Gomera revelan las razones de su rebelión. / FRAN PALLERO

DOMINGO NEGRÍN MORENO | Santa Cruz de Tenerife

En el centro cultural Tenerife Espacio de las Artes (TEA), un sonriente Casimiro Curbelo abandonaba a las tres menos cuarto del lunes la sala donde estaba reunida la directiva de la Federación Canaria de Islas (Fecai). Instantes después comparecían ante la prensa el palmero Anselmo Pestana y el herreño Alpidio Armas, discrepantes dirigentes socialistas cuyos apellidos ilustran el sombrío cuadro de intensos colores que define al PSOE de hoy en día. La cosa pinta mal.

Desde marzo permanece abierta en el TEA la exposición Óscar Domínguez: entre la realidad y el sueño. Muy apropiado, pues el surrealismo se ha apoderado de un centenario partido que reemplaza la utopía por la licantropía.

El viernes, los cuatro alcaldes del PSOE en La Gomera rompieron su silencio cómplice en el hotel Taburiente. Ensordecidos por el ruido mediático, Jaime Noda (Vallehermoso), Manuel Plasencia (Alajeró), Ángel Luis Castilla (San Sebastián) y Néstor López (Agulo) se psicoanalizaron ante los informadores. Dos días atrás habían anunciado en una nota la renuncia a sus cargos en la ejecutiva insular, que, dicho sea de paso, estatutariamente no debían haber ocupado por incompatibilidad orgánica en su condición de secretarios de las agrupaciones locales del PSOE.

Así como André Breton y Sigmund Freud nunca se entendieron, los rebeldes marcaron distancias con el fundador del creacionismo gomero por razones de incomprensión difíciles de interpretar a menos que sean tomadas como argumentos de un chiste. En 1932, Freud respondió a Los vasos comunicantes, de Breton: “Y ahora una confesión, que espero que acoja con tolerancia. Pese a que recibo tantas pruebas del interés que usted y sus amigos tienen por mis investigaciones, no soy capaz de aclararme”. Al cuestionado líder del PSOE gomero lo pusieron a caer de un burro. Pero, en vez de desasosegarse, Curbelo miró de reojo y se libró de las moscas cojoneras.

Los jinetes de la crisis de confianza galoparon con las espuelas de las revelaciones. Los siete espíritus asaltaron el trono de quien les lavó de los pecados con su sangre y los hizo reyes, a mayor gloria del imperio. Se entregaron en cuerpo y almogrote para ofrecer explicaciones dignas del automatismo político. A la mar fueron por naranjas y metieron la mano en el agua. La esperanza los mantiene. El paisano Pedro García Cabrera perpetuó una copla anónima que narra rasgos de personalidad.

En su acostumbrado afán por normalizar la cotidianidad de lo extraño, la dirección regional del PSOE provoca explosiones de realismo mágico de confusas consecuencias. Lo de La Gomera se le fue de las manos. Con conocimiento, consentimiento y acatamiento de las instrucciones de la federal, el secretario regional de Organización, Julio Cruz, representó “un papel muy activo” en esta comedia. Lo confesaron Noda, Plasencia, Castilla y López al verse “obligados” por los palos de ciego del “miope” José Miguel Pérez. El secretario general está perdido en su laberinto. Paga servicios con monedas de chocolate, el muy listo, para que no lo engañen en el cambio.

De la delirante venta de los casinos tinerfeño se derivan esperpénticas demostraciones de incongruencias. En el núcleo duro del PSOE, hay componentes que se oponen a decisiones que comparten en la consejería del Gobierno regional competente sobre juego. Se niegan a sí mismos en un arrebato del subconsciente. El ratoncito Pérez vive en las ilusiones del niño que guarda el diente bajo la almohada a la espera de una sorpresa. Estará contento si no se la dan con queso.