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El universo de la Rambla Pulido – Por David Sanz

   

Hace unos días compartieron en las redes sociales una fotografía de la santacrucera Rambla Pulido en blanco y negro. Debía ser de principios de los años setenta por los modelos de los vehículos y los negocios que se podían apreciar. Fue una arteria muy viva de la capital tinerfeña, la única competencia comercial que tenía por entonces la calle del Castillo y sus aledaños. De la Capitanía General al Cine Víctor, la vía estaba poblada de prósperos negocios y de una actividad incesante de personas y vehículos, que iban y venían de un lado a otro, sin cesar de la mañana a la noche. En esa arteria de la ciudad había de todo o casi todo desde el punto de vista comercial. Entre los años setenta y ochenta del siglo pasado, quizá cuando vivió su mayor esplendor comercial, recuerdo la existencia de varias farmacias; la Casa Portuguesa; la deliciosa Heladería Marpi; la Casa de la Guitarra; tiendas de deportes como Encinoso; una mercería regentada por dos amables caballeros, Bercedo; la tienda de discos Escorpio, donde encontrabas de verdad buena música y siempre tuvo a su cargo gente entendida; llegó a existir el primer café con biblioteca, que se llamó La Librería de Frank; así como otras librerías como La Educación o Relax; la juguetería Arvelo, etc. Una larga lista de lugares que, con el paso de los años, fueron desgraciadamente desapareciendo o cambiando su ubicación, y dejando desanjelado ese universo que constituía en sí mismo la Rambla Pulido.

Uno de sus principales símbolos y más queridos por la población de la zona era el Cine Víctor, muestra de ese aprecio ciudadano es la resistencia que ha mantenido a caer de una manera definitiva, buscando fórmulas alternativas para salvar al último cine con mayúsculas de la capital. Pero la llegada de las grandes superficies comerciales, cierto complejo por parte de los empresarios a renovar sus negocios y una población que busca desesperadamente ir con el coche hasta la puerta de los establecimientos llevó a que, poco a poco, desvaneciera esta arteria de la ciudad, quedando lo que hoy permanece, que se parece muy poco a la Rambla de Pulido que disfruté en la infancia y juventud. Ahora está, si quieren, más bonita que antes, con su césped, el tranvía que pasa casi sin hacer ruido, pero yo prefería aquella que probablemente estaba más contaminada por el humo y el ruido de los coches, pero tenía más vida.