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Los vigilantes de la playa – Por Jorge Bethencourt

   

Un viejo periodista me decía, escondido tras el humo de un cigarro: “Las sociedades tienen que elegir entre tener una prensa libre o una prensa responsable. Si es libre, seguro que habrá algún medio que alguna vez será irresponsable. Pero si es responsable, entonces ninguno será libre”.

Los peligrosos efectos de la libertad, un territorio en donde siempre habita algún exceso, promueven imponer la responsabilidad. Vas a ser bueno por pelotas. Los sistemas de vigilancia se han incrementado de manera geométrica. Millones de ojos de cristal nos vigilan desde todas las esquinas, con programas de reconocimiento facial y discos duros que graban miles de horas de imágenes en calles, parques o aeropuertos.
Los gobernantes nos vigilan porque, dicen, quieren erradicar la violencia. La violencia legítima solo la pueden ejercer los Estados. Los niños no entienden la sutileza y se quedan con la verdad de los telediarios, en donde los hombres y las mujeres se matan y se mueren cada día entre el caldo de pollo y el yogur con tropezones de fruta.

Cada mes hay un saldo de muertes en el mundo. Y en la civilizada Europa. La violencia se clasifica por estantes. De género, callejera, terrorista, de baja o alta intensidad… La taxonomía de la estupidez contemporánea. Cada año hay más suicidios que muertes de tráfico, aunque no haya campañas contra la depresión de una dirección general de la Felicidad. La habrá. Y un ministerio de la Verdad.

La ministra de Sanidad, Ana Mato, quiere cambiar los horarios de la tele. Y algunos en el sector más conservador pretenden discutir los contenidos de las series de televisión, porque resultan excesivamente violentos o inapropiados.

Veremos, pues, una película sobre la II Guerra Mundial donde los soldados se disparen con fusiles de paintball o una serie sobre la Guerra Civil española donde a los paisanos los ejecuten en la cuneta con un beso en la boca. O sin beso. Porque peor que la violencia, para esta buena gente, es el sexo.

Una sociedad garantista que quiere todos los derechos y ninguna obligación. Un Estado paternalista que transforma a los ciudadanos en ovejas. Gente que cambia libertad por seguridad. Los científicos discuten si hay vida inteligente fuera de la Tierra. Yo cada día tengo más dudas de que la haya aquí dentro.