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Zombis jareados – Por Paco Déniz

   

Es difícil sustraerse a la hipócrita y babosa moral cristiana de compadecerse de cualquiera que se muera. No me lo van a negar. Hay mujeres que después de haber padecido al bandido de su marido que le pegaba, la humillaba y abusaba de ella, que la ninguneaba como ahora se dice, van y le lloran desconsoladas al pie de su féretro. Ha habido y hay pueblos que lloran como posesos la muerte de su dictador que, además, asesinó a toda la disidencia. Echan lágrimas no se sabe si de dolor, de alivio o rabia. El caso es que las echan.

En Canarias, excepto con el bandido de Eufemiano Fuentes en que lo único que se desparramaron fueron risas de alivio y venganza, la gente suele ser muy llorona. Esperando estoy a que se muera un cacique de secano por ver si todos sus hijos ilegítimos, fruto del derecho de pernada, van y le llevan siquiera un mísero ramito de agonane o Sisymbrium irio, o quemones pa’ los pájaros, que es lo mismo. Esperando estoy a las autoridades del momento y del lugar por ver qué tipo de homenajes se le reservan a estos tipejos en vida por muy muertos que estén. Porque cuando sólo has sembrado odios, enfrentamientos, despidos, injurias a los de la isla de al lado, a los rojos, a los universitarios, a los propios periodistas, cuando te has dedicado toda tu vida a insultar para que algo quede, a manipular las conciencias con populismos bastardos, a caricaturizar el nacionalismo, no puedes pretender terminar rodeado de tus seres queridos porque hay personas que en vida fueron seres que no podían ser (Pepe Monagas-Pancho Guerra). Pero por muy difícil que sea sustraerse a esa falsedad de la moral cristiana, el día menos pensado la moral pública cambiará, y entonces bajaremos el purgatorio a la tierra y juzgaremos, aunque sea en formato zombi jareado, a una serie de malhechores que en vida no hicieron sino joder la pavana con sus presiones fácticas para mantener a los pobres, humildes e insensatos canariis siempre divididos, siempre envidiosos, siempre votando a todas las derechas que los zombis jareados indicaban en sus hojas parroquiales. Hay zombis que nos tuvieron totalmente jareados en vida y, aunque se vayan al infierno, la cosa no termina ahí, por lo visto dejan replicantes entre los vivos.