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El aplauso debe llegar – Por Óscar Herrera

   

Envuelto en un mar de sensaciones contradictorias. Así me encuentro, supongo que como muchos aficionados del CD Tenerife, que no saben si estar alegres por el global de la temporada, o por el contrario, tristes y decepcionados por no haber sabido aprovechar la ocasión de luchar por el ascenso a Primera en un play-off que teníamos al alcance de la mano. En cualquier caso, lo que no hay que estar es crispados ni enfadados. Por mucho que el bajón de rendimiento del equipo y de algún jugador en particular haya sido visible y demoledor en esta serie de cinco derrotas seguidas. El asunto es saber y encontrar explicación al hecho de por qué un equipo en dinámica positiva da un giro de 180 grados para pasar a ser menos fiable y entrar en esta espiral de derrotas que se repiten una y otra vez con idéntico resultado. ¿Qué ha pasado? Difícil encontrar respuestas más allá de una serie de episodios puntuales en cada uno de estos partidos…Un penalti en contra por aquí, un poco de mala fortuna por allí, y algo de pereza en la fe y en la idea por allá. Sea como sea, la temporada es muy buena, pero la pequeña frustración por no haber podido subirse al tren del play-off cuando habías comprado el billete, es lógica. Compraste un billete para el vagón de clase preferente y lo perdiste cuando te fuiste de excursión al monte de las ilusiones. Con todo, mañana sábado para despedir la liga en casa, los actores de ese sueño imposible se merecen el mayor de los aplausos. Lo contrario sería de mal agradecidos y cortos de memoria.

El curso se acaba y ya se empieza a vislumbrar el esbozo de lo que será la aventura futbolística de la próxima temporada; pero antes, sepamos valorar esta que acaba antes de ilusionarnos con la siguiente.