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Aprender de los errores – Por Carlos Alonso Rodríguez*

   

Soy de los que piensa que algo hemos hecho mal en Canarias en las últimas décadas. A la vista de los resultados, en algún sitio se ha metido la pata. Y cuando se mete, lo más conveniente es sacarla lo antes posible. Con más de un cuarto de millón de personas en paro total, sin esperanzas de encontrar trabajo a corto plazo, aquí no se puede hablar más que de fracaso.

Lo que pasa es que cuando la lancha se hunde no se arregla nada con histeria. Tenemos una vía de agua, el barco se está escorando y lo que toca no es ponerse a gritar de quién es la culpa, sino evitar el naufragio por todos los medios. Después de tantos años de esfuerzos, de tantas ayudas, de tanto esfuerzo, la economía de Canarias no funciona como debiera. La agricultura y la industria están estancadas a pesar del trabajo de muchos de sus dirigentes y de la apuesta que se ha hecho desde las administraciones públicas por estos dos sectores económicos. Hay iniciativas de cooperativas que han fracasado, empresas con el apoyo decidido de fondos públicos que no han funcionado… ¿por qué?

Hace muchos años, un economista alemán, Jurgen Donges, vino a Canarias. Nos estudió y nos dijo un consejo: “No es más rico el país que más riquezas naturales tiene, sino aquel que mejor utiliza sus recursos, siempre escasos”. Es algo realmente cierto. Hay países con enormes riquezas naturales que siguen anclados en la pobreza y el subdesarrollo. Y otros que carecen de todo tipo de recursos naturales que se han especializado y han logrado una enorme prosperidad y riqueza.

Desde hace años, Canarias tiene pendiente una reflexión muy seria sobre sus estrategias de crecimiento. Tal vez nuestra agricultura más que pensar en conquistar los mercados del mundo haría bien en conquistar el abastecimiento de nuestro propio mercado interior, con dos millones de consumidores de derecho y catorce millones, al año, de hecho. Tal vez nuestra industria tendría que empezar a mirar hacia el emergente mercado africano, pensando en productos alimentarios semitransformados y en apoyo y servicios a una naciente industrialización (en el Cabildo, por ejemplo, estamos apostando por un futuro mercado tecnológico africano con la venta de servicios de almacenamiento y conexión de datos informáticos a través del NAPP y del proyecto Alix).

Esta tierra tiene gente con el talento suficiente como para pensar por dónde van a estar las claves del desarrollo del mañana. Tenemos que rescatar esa inteligencia que anda por ahí, justificadamente ausente, decepcionada de la vida pública, y hacerla regresar al compromiso de la reflexión por y para el futuro de esta tierra. No puede ser que quienes más hablen hoy sobre el futuro sean los principales responsables del desastre de este presente. No puede ser. No debe ser.

Los síntomas del fracaso -o agotamiento- del modelo no sólo se notan en la sociedad, en el paro o en el desequilibrio de los componentes de un Producto Interior Bruto altamente terciarizado. Ya hay disensiones internas por el reparto de ese colchón temporal que eran las ayudas a la ultraperificidad de Canarias. No es bueno que ante el exterior demos la imagen de una sociedad dividida. Entre otras cosas porque nuestras ayudas cuelgan hoy de un delgado hilo que en cualquier momento se puede romper en favor de los nuevos países del Este de la Unión Europea, muy necesitados de recursos para salir de situaciones de pobreza pura y dura.

Nuestros agricultores no son menos trabajadores ni menos inteligentes que los de cualquier otro lugar de Europa. Al contrario, tal vez sean mejores. Nuestros industriales no son menos capaces. Lo que ocurre es que estamos a muchos cientos de kilómetros de la península y del continente europeo, que hemos convertido en nuestro mercado destino. Lo que para la venta de servicios turísticos es una bendición -la geografía y el clima- para el resto de los sectores es un handicap. Una persona de dos metros que quiera hacer deporte debe pensar en el baloncesto, antes que en el fútbol. Aptitudes y capacidades. Se trata de eso. Y si no lo queremos ver, ni aprender de los errores, ni corregirlos, ni cambiar, ni adaptarnos…. ¿de qué nos vamos a quejar?.

Tenemos el talento y la capacidad para lograr un nuevo impulso de riqueza para Canarias. Y para hacer que llegue a más gente y de mejor manera que en el pasado. Aquí hay empresas agrarias que han conquistado España. Existen pequeños industriales que trabajan para servir a mercados en el otro extremo del mundo. Aquí hay un sector turístico que es envidiado y admirado en el exterior.

No todo es tan mal. Cuando dejemos de quejarnos, de pelarnos entre nosotros y de escuchar a quienes sólo saben acusar, podremos empezar a trabajar unidos en recuperar la unidad, la fuerza y la inteligencia que una vez, no hace tantos años, nos hizo progresar.

*PRESIDENTE DEL CABILDO DE TENERIFE