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El Atleti gana las elecciones – Por Rafael Torres

   

El Atlético de Madrid proyecta su triunfo sobre las elecciones europeas del próximo domingo. Para entonces, incluso es muy posible que él mismo las haya ganado, aunque, como es natural, en su modalidad futbolística, la Copa de Europa. Pero hoy ya, sin esperar al sábado, es dueño del éxito que supone haber derrotado al bipartidismo en la Liga española, ese aborrecible turnismo entre el Real Madrid y el F.C. Barcelona que tanta desafección produce en los amantes del balompié y de su fundamento, la igualdad de oportunidades que desafía al totalitarismo del poder y del dinero. Todo el mundo se alegró de la conquista de la Liga por el Atlético, y más por cómo lo hizo “partido a partido” hasta el definitivo y más épico, a vida o muerte, en el campo de su máximo rival, el Barcelona. Pese a su historia, sus títulos, su leyenda y el hecho de haber merodeado por la cabeza de la tabla durante todo el campeonato, el Atlético era el tapado, aquél que se desinflaría y con quien nadie contaba, es decir, como el propio pueblo español al que se convoca a las elecciones como a un invitado de piedra.

Diego Pablo Simeone, el hombre que une a su pericia técnica la de suscitar nobles y alegres emociones colectivas, vino a señalar esa analogía en su breve pero concentrado saludo a la afición que se agolpaba en Neptuno y en las grandes arterias adyacentes: sí se puede. Se lo dijo a todos, pero sobre todo a “las mujeres” y a “los muchachos”, que son los que más pueden poder y a quienes menos se deja que puedan. El triunfo del Atlético de Madrid, del Atleti, en plena campaña electoral, simboliza el anhelado triunfo de las aspiraciones de la gente. Que no la roben, que no la engañen, que no la vacilen, que no la ninguneen. La victoria, según ha demostrado ese equipo de estrellas humildes y normales (Koke, Gabi, Juanfran, Courtois, Arda, Miranda, Filipe, Godín, Suárez, Villa, Adrián, Cebolla…), depende de la intensidad, de la convicción y del fervor con que se persiga. Real y Barça. PP y PSOE. Otra Liga es posible. Otro mundo.