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‘Baby boom’ político – Por Saray Encinoso

   

Un partido cada dos días. Esa es la tasa de natalidad de formaciones políticas que se registra en España desde hace cinco años. Entre mayo de 2008 y el mismo mes de 2014 se han inscrito hasta 987 partidos nuevos y la mayoría ha surgido durante los 18 meses previos a alguna convocatoria de elecciones autonómicas o locales. La lectura de estas cifras es complicada -el índice de mortalidad también es muy elevado-, pero el incremento parece indicar que existen ganas de cambio, de fulminar los bipartidismos o tripartidismos que, con pequeñas variantes, se repiten por todo el territorio español.

Las elecciones al Parlamento Europeo han servido para analizar la salud del sistema. Que había desafección ya se sabía, pero la irrupción de Podemos, el desplome de los partidos tradicionales y el protagonismo de formaciones más radicales en sus mensajes resumen una jornada electoral que fue distinta. En Francia ganó la extrema derecha y en Grecia la extrema izquierda. En España, la pírrica victoria del PP quedó eclipsada por un partido español sin estructura que superó todas las expectativas y logró cinco eurodiputados.

Hubo quien analizó los resultados españoles como un castigo al bipartidismo, pero también quien no quiso ver nada más allá de un malestar que no se demostrará en comicios nacionales o autonómicos. Los partidos vencedores obviaron sus caídas bruscas -el ejemplo más evidente es el Partido Popular- y los más optimistas vaticinaron una nueva era para la izquierda. Ninguno de los dos análisis parece acercarse a la realidad. El primer partido fue el de los abstencionistas. La participación volvió a batir otro récord y Canarias fue la comunidad donde menos personas ejercieron su derecho al voto.

Puede que se creen muchos partidos y que una mayoría silenciosa esté harta de la corrupción, del clientelismo y del caciquismo, pero esa mayoría ha entendido que en las urnas no se soluciona nada y prefiere quedarse en casa. Intentan convencernos de que el problema es que un indignado como Pablo Iglesias, salido de ese 15M al que le pedían institucionalización, proponga medidas sacadas de Venezuela para España. Ya está bien. El verdadero problema es que un sistema en el que el 60% de los electores prefiere no votar es legal, pero tiene muy poco de legítimo.

@sarayencinoso