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La bandada – Por María Vacas Sentís

   

Los 16 inspectores de Trabajo llegaron en bandada escoltados por la policía, con la espectacularidad de los Hombres de Harrelson. También las hienas se agrupan en manada para atacar a los más débiles. Era el Día de la Madre en el Mercado: un día alegre, lleno de flores, de niños, de sol, de bullicio. Pero también una jornada de mucho trabajo, en la que los pequeños comerciantes suelen recabar la ayuda puntual de algún familiar para preparar los ramos, para atender a la clientela. Carnaza fácil, pensarían los inspectores. Y allí se movilizaron por los puestos, importunando, fastidiando las ventas, imponiendo multas.

Pocas semanas antes la bandada se había desplegado por el agro norteño con igual afán recaudatorio, menospreciando la costumbre de que el cuñado o el primo ayuden en la finca familiar a cambio de un saco de las mismas papas cosechadas o de un convite. Pero ahora es ilegal. La solidaridad y el apoyo mutuo se han convertido en una lacra a extinguir en un mundo que algunos sueñan regido solamente por relaciones económicas, por transacciones comerciales, por la competencia suicida.

Pero sucede que a los inspectores de Trabajo no se les conoce en los grandes establecimientos hoteleros, donde sus empleados realizan auténticos maratones laborales y hasta el trabajo de varios, a cambio de sueldos famélicos. Tampoco se recuerda el último avistamiento de la bandada en las multinacionales radicadas en la Isla, ni en las grandes empresas que recurren a abusivas subcontrataciones, ni tampoco en centros comerciales de postín, donde la cotidianidad de las plantillas poco tiene que ver con sus contratos. No llega tampoco noticia alguna de visitas a profesionales colegiados de la medicina, la arquitectura o la abogacía, tan autónomos como los comerciantes del Mercado; solo que de distinta clase social.

Mientras los inspectores se despliegan certeros e inquisitoriales para el hostigamiento de los pequeños autónomos vinculados a la producción local, perjudicando al sector agrario y al objetivo del autoabastecimiento y la soberanía alimentaria, la bandada de la Inspección de Trabajo sobrevuela grácilmente sin detenerse apenas todo un paisaje de injustas relaciones laborales entretejidas por los empresarios y contratadores más adinerados e influyentes. ¿Será casualidad?
mvacsen@hotmail.com