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Batacazo europeo – Por Francisco Pomares

   

Los resultados de las Europeas han trastocado el mapa político del continente: en toda Europa se han producido situaciones estrambóticas, como la preocupante conversión de la ultraderecha lepenista en la primera fuerza política de Francia o el imparable ascenso de los antieuropeos en Reino Unido. El Parlamento de Estrasburgo es hoy una sorprendente revoltura de partidos europeistas en retroceso y una amalgama de grupos ultraderechistas y eurófobos que se sientan al lado de diputados de izquierda radical y antisistema.

Para los dos grandes partidos españoles, las elecciones europeas han supuesto además el mayor varapalo político recibido en su reciente historia. Habría que remontarse a las elecciones de 1982, con la desaparición de UCD, para encontrarse con algo de mayor entidad que lo ocurrido este pasado domingo. Con una participación bajísima, pero muy similar a la de las europeas de 2009, el PP ha perdido más de dos millones y medio de votos, pasando de casi la mitad de los emitidos en aquella ocasión a poco más de una cuarta parte en ésta. Lo del PP se puede entender: está gobernando y es responsable de las políticas de ajuste: le ha ocurrido lo mismo que a todos los partidos de gobierno en Europa. Lo del PSOE es más difícil de comprender: estando en la oposición, ha perdido también casi dos millones y medio de votos, que han ido a engrosar las filas de Izquierda Unida y de Podemos, un extraño experimento montado en torno a la figura de Pablo Iglesias, un joven tertuliano de izquierdas, profesor de ciencias políticas, que eligió como logotipo de su partido nada menos que su propia imagen personal.

Si vamos por pueblos, la situación es aún más sorprendente. Coalición se ha hundido en toda Canarias, excepto en el Hierro, donde no gobierna. El varapalo a los nacionalistas es de antología: un varapalo parecido al recibido por Convergencia y Unió en Cataluña, dónde los independentistas de Esquerra Republicana se han hecho con la mayoría.

Claro que estamos hablando de unas europeas: es decir, ante una participación mínima que perjudica siempre a los grandes, una movilización muy escasa, en la que no intervienen las organizaciones locales de los grandes partidos, y ante una circunscripción única, que permite una agrupación de votos sobrantes que sólo se produce en estas elecciones. En las próximas regionales y municipales, habrá también algunas sorpresas. Pero serán más de andar por casa.