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Las becas de Guadalupe González Taño – Por Maribel Oñate Muñoz*

   

La portavoz de Coalición Canarias en el Cabildo palmero, Guadalupe González Taño, escribía el pasado domingo en estas mismas páginas sobre el legado del Partido Popular a los becarios de su Isla. Sin ánimo de polemizar, celebro que ella y sus cuatro hermanos pudieran acceder a los estudios superiores gracias al sistema público de becas, pero esa circunstancia no es patente de corso para presentar como ciertos hechos que no lo son.

Me gustaría realizar algunas puntualizaciones de carácter general a sus palabras, por aquello de no añadir más confusión al hartazgo de los ciudadanos, pues no es cierto que hoy se necesite una nota de 6,5 para acceder a una beca, como decía en su artículo.

Para tener una beca de exención de tasa de matrícula en la universidad es suficiente -nunca mejor dicho-, con un 5,5; es decir, basta con un aprobado raspado. El 6,5 al que se refiere es solo para las becas-salario, aquellas que permiten estudiar en lugar de trabajar, si la familia del estudiante lo necesitase. Y claro, parece razonable que quien desea estudiar antes de incorporarse al mercado laboral haga precisamente eso, estudiar.

He sido profesora toda mi vida, pero no necesito recurrir a mi experiencia profesional para saber que un 6,5 tampoco es como para dejarse las pestañas en el intento. Lo que ocurre es que González Taño mezcla erróneamente condición socioeconómica con capacidad intelectual, cuando resulta evidente que entre estas dos variables no hay ninguna correlación. Hablar de altas o bajas cunas a estas alturas de la civilización resulta cuanto menos grotesco. Vincular los escasos recursos económicos con la inteligencia de los estudiantes es un insulto, impropio de quienes dicen defender su tierra por encima de todas las cosas.

Este es uno de los problemas residuales del nacionalismo, su empeño por comportarse de forma falsamente paternalista, pretendiendo tutelar a los canarios permanentemente, como si no supiésemos ir solos por la vida.
Así es como impiden el crecimiento de las personas, y así como no consiguen crecer ellos tampoco, porque lo malo siempre lo hacen los demás. No aprenden de sus errores, porque no los reconocen; y tampoco de sus éxitos, porque hace mucho que no los tienen.

Hasta el otro día mismo, los socialistas decían que frente a la extendida creencia de que el sistema público es fuente de equidad e igualdad de oportunidades para nuestra sociedad, la financiación de dicho sistema ha dado lugar a una situación de preocupante regresión social, y no les faltaba razón, aunque ahora no quieran saber nada de su propio razonamiento.
El cálculo que hacía el PSOE cuando desgobernaba nuestro país era bien sencillo: un estudiante en la universidad pública cuesta aproximadamente unos 8.000 euros anuales al contribuyente, mientras que su aportación como tasa académica es de unos 900 euros, lo que supone un 11% del coste real.

Esto significa que cada estudiante universitario, con independencia de su nivel socioeconómico y de su rendimiento académico, recibe una subvención anual de 7.100 euros de los contribuyentes; es decir, el contribuyente situado por debajo de la media en la distribución de la renta acaba subvencionando a aquellos que potencialmente se sitúan en la parte más alta de la misma. Las pérdidas de recursos a causa del abandono (un 30%) implican un despilfarro anual de 2.960 millones de euros, casi el 0,275 del PIB. Con solo reducir a la mitad el fracaso académico (está demostrado que los que becan con 5 abandonan más) se ahorrarían 700 millones de euros anuales, que si se reinvirtiesen en becas aumentaría la proporción del PIB destinada a ellas del 0,096 actual al 0,15, que nos acercaría a la media europea.

La universidad debe construirse sobre la base de la excelencia, no sobre la base de la mediocridad, ni del aprobado general que reclama Coalición Canaria cada vez que se presenta al examen sin haber tocado un libro.

La Administración podrá ayudar socialmente a los alumnos que así lo requirieran, pero el esfuerzo es algo a lo que no debemos renunciar los canarios, porque de ello depende nuestra competitividad y nuestro futuro.
Curiosamente, las únicas becas que han desaparecido del sistema público son las de la excelencia, y esas se las ha cargado el Gobierno de Canarias, no el Partido Popular, por mucho que insista Guadalupe González Taño en responsabilizarnos de todos los males que aquejan a nuestro sistema educativo.

*DIPUTADA, PORTAVOZ DE EDUCACIÓN DEL PARTIDO POPULAR EN EL PARLAMENTO DE CANARIAS