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Una biblioteca y tres mujeres – Por Agustín M. González

   

Puerto de la Cruz es desde esta semana una ciudad mejor. Lo es porque ha logrado aprobar una asignatura pendiente: cubrir una carencia que lo mantenía disminuido. Desde el miércoles pasado el Puerto tiene una nueva, amplia y moderna biblioteca pública, bien ubicada, dentro de un edificio singular que está llamado a ser un nuevo icono de la ciudad turística. Es un centro acorde a las necesidades y a la categoría del Puerto. Una biblioteca que no se inunda cada vez que llueve, sin los ruidos del patio de recreo del colegio situado encima, como ocurría hasta ahora en su precaria sede de la calle de Agustín de Betancourt. Es un gran logro para todos los portuenses, especialmente para los jóvenes, que ahora disponen de un lugar más idóneo para estudiar y disfrutar de la lectura. La biblioteca municipal portuense tiene desde su creación nombre masculino, el de uno de los portuenses más ilustres de la historia: el fabulista Tomás de Iriarte. Sin embargo, desde ahora este templo de la cultura encierra el espíritu de tres mujeres luchadoras y comprometidas, que han superado todo tipo de dificultades para que el proyecto se convirtiera en realidad. Construir una nueva biblioteca pública en estos tiempos de crisis y de recortes tiene mucho mérito. Y los artífices son tres mujeres. En primer lugar, es justo mencionar a Verónica Rodríguez, la actual concejala portuense de Cultura, que removió cielo y tierra para buscar los fondos necesarios con los que equipar un inmueble que llevaba varios años terminado y cerrado. Esa ayuda llegó del Cabildo. Antes que ella, la exalcaldesa Lola Padrón fue la promotora de la nueva biblioteca, la gran apuesta de su mandato, interrumpido por una moción de censura. Padrón utilizó los fondos del Plan E del Estado para transformar el antiguo edificio de los juzgados en una gran instalación cultural. En esa tarea Lola contó con la inestimable colaboración de otra mujer valiente, Matilde Perera, la creativa y entusiasta bibliotecaria municipal, quien, junto al arquitecto Carlos Schwartz, dio forma y color al anhelo más ansiado por los portuenses. En definitiva, el trabajo y la ilusión de Verónica, Lola y Matilde han hecho un gran servicio público a Puerto de la Cruz.