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Cambiar – Por Francisco Pomares

   

Lo que esta ocurriendo en el PSOE no tiene nombre: han logrado convertirse en el protagonista tonto de la política española: los electores les dan la espalda el 25 de mayo, Rubalcaba se comporta con dignidad y sensatez y dimite, abriendo un proceso de sustitución vía congreso que obliga a repensar el partido y su discurso, y aquí se desparraman las voces de los que quieren ser califa en lugar de califa, criticando la decisión de Rubalcaba, porque afecta a sus propias ambiciones personales. Madina y Chacón, a mi juicio, han hecho un pan como unas tortas, un muy flaco servicio a su partido y a sí mismos, planteando a coro que el PSOE no escucha a la gente. En realidad, el enfado de los que querían pelear en las primarias se produce porque será el partido el que decida quien va a liderarlo, y no un proceso en el que lo importante no es el proyecto y el discurso, sino la imagen de los candidatos. El PSOE comenzó a perder fuelle en este país cuando comenzó a abandonar su proyecto y su discurso. Hoy miramos al PSOE de Felipe González como un viejo carricoche, pero fue una extraordinaria maquinaria política, respaldada por mayorías ciudadanas aplastantes, que permitió una vertiginosa transformación y modernización del país. Un proceso de cambio como jamás antes se había producido en la historia de España. El PSOE no dirigió ese proceso durante tantos años gracias a la simpatía o buena imagen de sus dirigentes, o a sus relaciones con los medios, sino gracias a un discurso de largo recorrido que logró conectar con los ciudadanos españoles. Un discurso muy abierto, en el que cabían el estado de bienestar, la moderación, el patriotismo y el sentido común. Se torció porque cuatro legislaturas mandando son demasiadas, y los más golfos se pusieron a robar como posesos. Pero el PSOE que vino después, el de Zapatero, tan decente y modosito él, vivió instalado en la imagen y no llegó a tener nunca un proyecto que integrara a la mayoría del país. Una mayoría que es verdad que es de izquierdas, pero que no puedo gobernarse peleando sistemáticamente con quienes no lo son. El PSOE de Zapatero la lió en Cataluña (estos de ahora han enredado más aún el lío, porque son incapaces de renunciar al nacionalismo español) y vivió instalado en una suerte de celebración constante de la izquierda divina. Aún así, perdieron porque no entendieron que el país del que hablaban sólo estaba en sus cabezas. El PSOE sigue instalado en sus preocupaciones de imagen, y sus dirigentes siguen sin entender lo que ha pasado y esta pasando en este país. Por eso, en un país que vota a la izquierda, sigue gobernando la derecha.