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Escaño cero > Julia Navarro

¡Campeones! – Por Julia Navarro

   

El fútbol como válvula de escape, funciona. Las tensiones sociales y la pugna política parece que ceden por unas horas o días cuando las circunstancias deparan una oportunidad para celebrar un triunfo futbolístico. O dos, como es el caso esta semana tras la victoria del Atlético de Madrid en Londres y la del Real Madrid, el martes, en Múnich. Todo el mundo habla ya de la final en Lisboa. En realidad no se habla de otra cosa. Tiene su lógica. Por una parte porque resulta imposible sustraerse al bombardeo informativo que por tierra, mar y aire proclama que España está a la cabeza del fútbol europeo. Por otra, porque está en la naturaleza humana buscar alivio o cuando menos distracción frente a los problemas cotidianos. Alivio no quiere decir olvido. Nadie puede olvidar -la EPA conocida esta semana ha venido a recordarlo- que padecemos la cifra de paro más elevada de toda Europa (25,9%, cerca de seis millones de desempleados), pero, por unas horas, las victorias de los equipos españoles en los últimos tramos de la Champions es probable que hayan contribuido a aparcar la preocupación que apareja el problema. Está claro que es un efecto placebo porque tras la final -gane quien gane, blancos o colchoneros-, como el dinosaurio del cuento, el paro seguirá donde estaba. Porque esa es otra. Para el mundo del fútbol -fichajes, traspasos, remodelaciones de estadios- hay dinero. Los bancos dan créditos. Para los medianos y pequeños empresarios,no. O con cuentagotas y por encima del 8% de interés…

Volviendo al mundo del fútbol como fenómeno de masas -“la religión del siglo XXI” la denominan algunos sociólogos-, hay que reconocer que por obra de la televisión se ha convertido en un fenómeno global. Por lejos que uno vaya, incluso en los lugares más remotos -me ha pasado en el interior de China y en corazón de la India- siempre acaba encontrando algún niño vestido con la camiseta del Real Madrid o la del Barça y -conocido el origen del forastero- también es muy frecuente que las primeras preguntas giren en torno a los nombres mito del momento: Ronaldo, Messi, Iniesta, Casillas… Nadie sabe o recuerda el nombre de los presidentes del Gobierno, pero se saben de carrerilla los de los héroes de balón. Conocen sus hazañas y les admiran. En este registro el fútbol acerca. Tendremos ocasión de comprobarlo, una vez más, en la final de Lisboa. Según he leído, algunos expertos calculan que la retransmisión del partido será seguida por más de quinientos millones de personas. Se dice pronto. Más que la llegada del primer hombre a la Luna. Negar el fenómeno y su trascendencia social, sería cosa de tontos. Así que, ya que las entradas para el partido de Lisboa están fuera de alcance, habrá que verlo por la tele, y disfrutarlo. Pase lo que pase, en está ocasión, el título quedará en casa.