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Caña a Cañete – Por Jorge Bethencourt

   

Vivimos en el universo de lo políticamente correcto. Y los gobiernos, alentados por el combustible de las modas y las conveniencias, proponen leyes que pretenden corregir injusticias a través de bondadosos sistemas de discriminación. Hemos transitado suavemente de perseguir los actos a condenar las ideas. Y de condenar el pensamiento a encarcelar a los pensadores. Hemos creado delitos como la apología del terrorismo o la xenofobia. Nos hemos instalado en la certeza de que nuestras ideas sobre el mundo no sólo son las más justas y certeras sino que toda aquella expresión contraria a ellas debe ser perseguida. Nos queda poco para ver el nacimiento del Ministerio de la Verdad encargado de perseguir todo aquello que se aleje de lo que sea la verdad oficial.

¿Creen que exagero? El presidente Putin, elegido democráticamente en la nueva Rusia de las libertades que persigue y condena a los homosexuales, ha establecido multas para aquellos que hablen soltando tacos.Y nuestro propio Gobierno persigue a algunos descerebrados en las redes sociales para aplicarles el Código Penal por frases que uno puede escuchar en la barra de cualquier bar. La estupidez no puede ser delito porque si lo fuera esta sociedad viviría en el talego. Las mujeres son hoy, en los estados democráticos más avanzados, ciudadanas protagonistas de la vida política, económica y social. Grupos feministas consideran que eso es fruto de las medidas de discriminación positiva adoptada por algunos gobiernos. Yo creo que es el resultado del acceso a la educación, a la formación científica, a la autonomía financiera y a la libertad de poder vivir soberanamente y como les venga en gana. Pero la “verdad oficial” sobreprotege a las mujeres y está alerta ante cualquier comentario “ofensivo” para el género femenino. Por ejemplo, Cañete. Decir que discutir con una mujer es muy difícil no es machismo, es la pura verdad. No hay dios que piense lo contrario. Negarle a Cañete el derecho a consolarse con evidencias es indigno. Es como aquel boxeador al que le están pegando una paliza terrible y pregunta en su esquina, en el último asalto, ¿voy ganando?. Y su preparador le dice: “si lo matas, empatas”. Discutir con una mujer es difícil. Si, hombre, si. Y si es, como Elena Valenciano, más inteligente y más rápida de palabra que tú, ni te digo. No es que sea machista, es que no sabe perder.