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¿Coalición o contubernio? – Por Rafael Torres

   

Los dos grandes partidos han llegado tan lejos en su malhadada función de gendarmes de la voluntad y aún de la soberanía popular, que ya andan urdiendo una llamada Gran Coalición. Justo en vísperas del primer test electoral cuyos resultados determinará el grado de hartazgo, creciente sin duda, de la gente en relación al PP y al PSOE, van éstos y, por si las moscas, echan a rodar la especie de que lo mismo España necesita que se coaliguen para su salvación. ¿Para la salvación de España? No, para la salvación de ellos y del régimen que sostienen y que desean, bien que estimulados por las demandas del poder económico y financiero, blindar. Lo dejó caer el otro día Cañete, y lo repitió el domingo Felipe González: ¿Por qué no una coalición entre el PSOE y el PP que se materializaría a lo bestia tras las generales? A la alemana. Muchas cosas admirables tiene Alemania, pero otras, como todo el mundo sabe, muy chungas, y esta sería una de ellas, la del Partido Único. Se ve que como en España mantenemos el uso horario de Berlín desde que Franco era subalterno del Eje, por ahí se nos cuela otra porción de cosas igualmente contra natura. Por separado el PP y el PSOE lo llevarán crudo si, como temen, la gente descubre que se puede votar otra cosa, de modo que, estando ya juntos en la augurada debacle, ¿por qué no también revueltos? Ahora bien; ese amancebamiento cursado en matrimonio no podría recibir el título de coalición si se respeta el idioma, sino el de contubernio, que nuestro diccionario define como “alianza o liga vituperable”. Como ya nos vituperan, deben pensar Rajoy y Rubalcaba, aliémonos y liguémonos, que mucho más no van a poder vituperarnos. Salvémonos para salvar nuestra España. Frente único, partido único, dique único, contra las aspiraciones, la urgente necesidad más bien, de una España mejor.