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Cosas de ahora – Jorge Bethencourt

   

El hombre es un animal que tropieza dos veces con el mismo tonique. Pero dentro de la especie de los tropezones, el animal político es un caso aparte. Mira que a los del PP les dijeron, antes de empezar la campaña electoral, “cuidadito con el tema de las mujeres, que Elena Valenciano nos salta al cogote”. Pues nada, va el Cañete y se lo pone en bandeja.

Pero si algo tienen de bueno los populares es que no dejan en la estacada semántica a ningún compañero. Y ahí que se fueron a defender al entrañable ex ministro con cara de Santa Claus los más aguerridos caballeros del PP. Entre ellos el más osado de todos, Don Tancredo, más conocido por su verdadero nombre, Manuel Fernández, ex secretario general del partido y diputado canario.
Fernández, que tiene la lengua más calva que un huevo duro, no duda nunca en decir lo que se le viene en gana. Y más de una vez ha soltado por esa boca cosas bastante incómodas incluso para su propio partido. Esta semana, por ejemplo, se apuntó a la defensa de Cañete con una frase: “La economía sumergida es como las mujeres, hay que convivir con ellas porque no se las puede eliminar”. Ños. Eso de “no se las puede eliminar”, así sea como metáfora, es una pasada. ç

No hace falta decir que sobre la cabeza de Fernández amenazaron con caer todos los rayos del averno. Hasta que añadió que la frase no era suya y que estaba citando a un destacado político del PSOE, Alfonso Guerra -otro sin pelos en la lengua- quien la había dicho en 1986. O sea, cuando el lenguaje sexista se tomaba sólo como una broma de mal gusto.

Pocas horas después, Fernández se apuntaba a pedir perdón, como Cañete, por haber citado a Guerra. Desconozco si Guerra habrá pedido también un perdón retrospectivo aunque, conociendo a don Alfonso, cuya infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, mucho me temo que le importe una deposición bovina. O sea, caca de la vaca.

Porque los políticos de antes (de antes de ahora) además de ponerse a parir sin distinción de sexo, edad y religión, eran mayormente más inteligentes que esta panda de ahora te digo, ahora me desdigo, ahora te empujo, ay qué daño, ahora me perdonas… Yo que sé. Que les dejen sin recreo.