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Costa cocaína – Por Rafael Muñoz Abad*

   

La ausencia de un control aéreo efectivo permitió a los antonov del traficante de armas Viktor Bout campar a sus anchas en el espacio aéreo comprendido entre el sur de Senegal y Liberia. A día de hoy, la situación no ha mejorado notablemente y los vuelos furtivos son habituales. Aviones raros cuyos planes de vuelo, igualmente extraños, emulan el galimatías legal que esconden las banderas de conveniencia de muchos buques. Los llamados narcoestados son la conexión africana de los cárteles de la droga sudamericana. La fragilidad estatal y operativa de Bissau, Mali o incluso The Gambia, los han convertido en el ecosistema perfecto para el crimen organizado. Estados [cuasi-fallidos] donde la porosidad aduanera, la carencia de un control aéreo-marítimo efectivo y un escenario de corrupción aceptado, los convierte en las discretas y con ello ideales escalas de lo ilícito. Apadrinados por la oligarquía local y la politización de las fuerzas armadas, los señores de la cocaína latinoamericanos han puesto sus miras en Bissau, en el corazón de Malí y en el norte de Nigeria. Coto de bandas armadas relacionadas con el islamismo y fuertemente conectadas con las complejas estructuras tribales del Sahel más profundo. Red capilar que se ha visto reforzada bajo la desestabilización o somalización de la nueva Libia. Menudo panorama. Las ciudades de Kidal y Agadez, respectivamente en Mali y Níger, se han convertido en centros de distribución de armas, drogas e incluso personas. Nódulos del hampa que hacen entrever que quizás el verdadero leitmotiv de la pasada intervención francesa en la zona, más allá de la lógica salvaguarda de sus fuertes intereses comerciales para con sus excolonias, era evitar la cristalización del norte de Mali-Níger cual santuario del crimen organizado bajo el apellido de Azawad, de cualquier franquicia de Al Qaeda o de los nuevos tratantes de carne humana, cuya mercancía acaba subida a las verjas de Ceuta y Melilla. Y es que costa cocaína, o la geografía costera comprendida entre Nouadhibou y Lagos, es la entrada de buena parte de la droga cuyo destino final es Europa.

*CENTRO DE ESTUDIOS AFRICANOS DE LA ULL
(cuadernosdeafrica@gmail.com)