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Credibilidad de las agencias de ‘rating’ – Por Johanna Prieto

   

Las empresas de calificación crediticia o agencias de rating valoran la capacidad de pago de los emisores de valores y de sus obligaciones financieras ayudando a los inversores a tomar una decisión de inversión sin convertirse en sus asesores. La calificación que otorgan no debe ser interpretada como una recomendación de compra/venta de un valor, sino como una predicción de la probabilidad de que un emisor resulte insolvente. Resulta evidente, por tanto, que en unos mercados financieros tan amplios, complejos y profundos como los actuales el papel de las agencias de rating como expertos independientes que evalúan la solvencia de las empresas resulte esencial. No obstante, es inevitable poner en entredicho la reputación e independencia de determinadas agencias de rating tras escándalos como el mercado de las hipotecas subprime americanas, que garantizaban a su vez a bonos basura que eran calificados como valores de máxima calidad crediticia, o en los casos de empresas donde días antes de su quiebra disfrutaban de la máxima calidad crediticia, como fue el caso de Lehman Brothers, AIG, bancos irlandeses y de algunas cajas de ahorros españolas. Estos episodios, junto a las actuaciones implementadas en 2011, donde de manera generalizada ajustaron drásticamente a la baja el rating de ciertos emisores sin nueva información aparente, más allá de la percepción de riesgo y pánico en el mercado (por el ejemplo, el recorte radical de varios escalones realizado en la misma semana a diversos países del área euro), son algunas de las circunstancias que llevaron al mercado a cuestionar el criterio de las agencias y, por tanto, su credibilidad.

A pesar de estos errores, los ratings ejercen y seguirán ejerciendo un papel fundamental en los mercados financieros por varios motivos: a) desde el punto de vista regulatorio, derivado de la obligación de utilizarlos por parte de bancos y gestoras de fondos de inversión a la hora de parametrizar los riesgos de sus inversiones, en términos de concentración de riesgo de crédito por emisores/emisiones, así como en términos de consumo de recursos propios; b) la globalización de los mercados y la constante aparición de nuevas emisiones/emisores, así como nuevos productos financieros, contribuyen igualmente a la demanda por parte de los inversores de una evaluación independiente que sintetice el riesgo de crédito asumido en la inversión, y c) el proceso de desintermediación bancaria que están implementando muchas empresas e instituciones. Es este último aspecto el que entendemos alterará el negocio de las agencias de rating como lo conocemos. Hasta ahora, el análisis del riesgo de crédito y probabilidad de incumplimiento en el caso de los préstamos tradicionales era llevado a cabo por la propia entidad prestamista. Al ampliar las empresas la búsqueda de financiación dirigiéndola a inversores ajenos que no conocen y/o no tienen acceso a información de la empresa, éstos requerirán una opinión sintética del riesgo a asumir. Al tratarse de emitir una opinión sobre su solvencia, la credibilidad del informe estará avalada por la robustez de la metodología empleada y la cercanía y expertise del equipo de dicha valoración. Por ello, si bien en determinados instrumentos financieros se exige un rating por grandes agencias internacionales o nuevas compañías homologadas, para el resto de alternativas de financiación no bancaria, la opinión del equipo gestor del fondo o vehículo de inversión que analiza al emisor/prestatario debe ser válida para el inversor, considerando además que una parte de la retribución del evaluador estará condicionada a la viabilidad empresarial del proyecto.
*DE CROSS CAPITAL