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A cuenta del 5 de junio – Por Mary Cejudo*

   

En unos días, cumpliré 61 años. Me dedico a una labor imprescindible por su importancia, aunque yo la vea como algo natural y acorde a los tiempos en los que me ha tocado existir. Mi nombre es Asociación Española Contra el Cáncer. Soy la que pone todo su esfuerzo e interés para que quienes contraen un cáncer no se sientan desamparados, que no crean que les hemos dejado solos. Y para ello cuento con otras gentes que saben cómo intentar hacerlo: son personas que respaldan y alientan a otras personas. Y lo hacen guiados por esa fuerza de una inteligencia superior que nos rige, llamada Humanidad. Son mis trabajadores sociales que asesoran en lo burocrático; que organizan talleres de ocio; programas acuáticos; colonias para niños; que controlan el material ortoprotésico tan valorado cuando se vuelve necesario; que abren los pisos de acogida a quienes necesitan un lugar que sea un hogar mientras reciben los tratamientos; que coordinan otros tipos de ayudas, como el traslado desde el sur para recibir tratamientos de quimio y radio… son mis psicólogos que prestan una atención emocional desde el primer impacto que significa un diagnóstico oncológico con seguimiento continuado y citas acordes en el tiempo a las necesidades individuales… son mis voluntarios de hospitales y en domicilio, acompañando y apoyando en el difícil camino que transitan los enfermos de cáncer y sus familias… Son las charlas y las campañas de prevención porque educando e informando, la salud de la población mejora… Son las becas que promuevo cada año para investigación y, lo digo con orgullo, las más importantes del país, puesto que somos la entidad privada que más fondos dedica a investigación oncológica…
Pero para el trabajo constante y responsable que acabo de resumir, necesito a cada hombre y mujer que el próximo día 5 de junio transite por las calles de la provincia y que se encuentre a nuestros voluntarios identificados y portando una hucha, las que sacamos a la calle un solo día al año porque nuestra solidaridad la sostienen, no solamente los voluntarios y trabajadores que se afanan día a día o los socios a los que tanto debemos, sino aquellos que en la cuestación depositan su donativo. Y porque, al hacerlo, se verán reflejados en cada paciente o familiar a quien prestamos nuestros servicios (todos gratuitos) y sentirán la satisfacción ciudadana de contribuir a una acción buena y altruista.
* VOLUNTARIA DE LA AECC