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Cuenta (s) – Por Indra Kishinchand López

   

Contaba hasta las lágrimas. Las palabras que hacían falta para alcanzar la felicidad. A cuántos minutos estaba del final. Las horas que habían transcurrido desde el principio. Contaba hasta los besos diarios. Quizá por eso se olvidó de darlos.

Antes contaba pasiones, vidas, corazones rotos. Hubo una época en la que eran 1.001 causas por las que luchaba. En aquel entonces no llevaba la cuenta; puede que fueran más. Tiempo atrás derrochaba la tinta de su pluma sin obsesionarse por los folios que sería capaz de escribir con ella. Era entonces cuando le importaba más la calidad que la cantidad y prefería un beso fugaz a treinta noches llenas de pseudoamor; un minuto de canción, quedarse con la sensación de que le faltaba solo un segundo. Echar de menos pero nunca echar de más.

Ahora describe la duda como la mayor de las humillaciones y cuenta que nunca tuvo pasado. Pasea por las calles de ningún lugar con calculadora en vez de con libreta y recuerda que fueron 150 veces las que perdió el tren con destino desconocido.

En días cómo hoy se pregunta quién le hizo tanto daño como para cambiar las letras por los números. A su cabeza vienen los rostros de todos los hombres, las voces de todas las mujeres y, sin embargo, solo se encuentra a sí misma en el espejo.