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sin pelos en las teclas>

Cuéntame la verdad – Por Cecilio Urgoiti

   

La auténtica realidad sobre la historia, es la de siempre, no suelen cambiar los fundamentos. Es como todos sabemos, que la historia la escriben los vencedores y que además se unen los historiadores a estipendio o, incluso, a “sobres”. Brotan estos literatos como hongos, estos los hongos, a la humedad y ellos los “paniaguados”, al calor del papel moneda. Siempre los hay dispuestos a reescribir, incluso a cambiarla o, aun más, a reinventarla. La historia actúa, en principio para satisfacer a esos nuevos dueños del Estado, que no dejan de ser sino los mismos que han dominado desde antaño, verdaderos artífices de la represión. Producida después de más de setenta años, si a la reciente historia nuestra nos referimos. La verdad, quieran o no, la sabemos y no nos sorprende ya casi nada, pues poco a poco ha sido reconstruida por los mismos protagonistas, que al principio en una muy estricta intimidad y luego de forma más abierta nos ha sido relatada, pero nos faltan muchos cuerpos desperdigados a lo largo de todo el territorio nacional, cuantiosos de ellos con una bala alojada en la nuca. La historia de este país, donde todavía tenemos a muchos de los padres, abuelos o bisabuelos, de nuestros compatriotas tirados en las cunetas y dejados en el olvido. Una tímida y algo templada Ley de la Memoria Histórica. Ley que se esperaba con el mismo entusiasmo que un niño espera las vacaciones de verano, se vio truncada por esa crisis que hasta ahora nos ha ido arrebatando el Estado de Bienestar y, de paso, hemos podido constatar que el sistema que nos sustenta desprende un terrorífico olor a podrido, así como una contante sarta de mentiras en boca de quien gobierna. Además, tras el cambio de gobierno, leemos, a estas alturas de la historia, que en un libro de texto para niños, se dice que Federico García Lorca murió cerca de Granada o que Antonio Machado se fue con su familia a Francia. Nos pueden parecer anecdóticos, pero lo cierto, lo real, lo importante, lo que nos hace hervir la sangre, lo que nos hace chillar un “basta ya”, son esas auténticas bestialidades fruto de mentes totalmente cerradas al concepto democrático de la vida en sociedad. Decía Antonio Machado: “¿Tu verdad?… No, la verdad y ven conmigo a buscarla; la tuya guárdala”. Ahí es donde me gustaría ir y poder gritar a los cuatro vientos los versos de Lorca: “Tienen, por eso no lloran, de plomo las calaveras… y ocultan en la cabeza una vaga astronomía de pistolas inconcretas”.