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El cura guapo – Por Carmelo J. Pérez Hernández

   

Hubo un tiempo en el que lo llamaban “el cura de la tele”. También le apodaban “el cura guapo”. Él fue uno de los pioneros en prestar un rostro amable al Evangelio a través del escaparate de los medios. Ahora, en su presunta madurez, ha puesto su firma a uno de los mayores disparates eclesiales de los tiempos recientes. Eso opino. Resulta que el padre Santiago Martín considera que estamos ante el peligro de un cisma porque, al hablar de la comunión de los divorciados y separados, usamos más la palabra “misericordia” que el término “justicia”. En realidad, lo que hace es embestir contra el cardenal Kasper y el papa Francisco por sus serenas intervenciones al respecto.

El sacerdote convertido en agorero considera que si permitimos a quienes sufren esas situaciones irregulares acercarse a la eucaristía estaremos poniendo las bases para que la Iglesia católica salte en pedazos. Esto es así, dice en un vídeo ampliamente difundido en la Red, porque estaríamos acabando con siglos de fidelidad a Cristo y a los dogmas. Quede claro que las opiniones son libres. Y que me gusta que así sea. Pero libres y responsables me gustan más que sólo libres. Y considero irresponsable crear inquietud por una patochada que sólo existe en su cabeza.

Nadie en la Iglesia tiene la menor intención de faltar al respeto a la Eucaristía; nadie busca confundir, ni maltratar siglos de rica experiencia y de hermosa reflexión sobre el Cuerpo de Cristo. Lo que sucede, y algunos todavía no se han dado cuenta, es que Dios va reconstruyendo el mundo a través de hombres y mujeres de distinta sensibilidad. Son personas que han aprendido a escuchar la Historia y a ver la vida con los ojos que Dios la ve. Esos hombres y mujeres convierten luego en palabras y proyectos lo que intuyen que es voluntad de Dios. Y así adelantan el Reino.

En este momento concreto de la aventura del hombre sobre la Tierra y del desarrollo de la Iglesia estamos más necesitados que nunca antes de recuperar el valor de la misericordia. Una categoría teológica olvidada y maltratada, dice Kasper. Esta verdad sólo puede hacer daño a quien ha perdido el norte en su fe. Misericordia y justicia no son incompatibles para un cristiano. Es más, ejercer la misericordia es el mayor acto de justicia, porque responde a la verdad más íntima del ser humano que la practica y del que la recibe. Añoramos la misericordia porque nos hicieron necesitados de ella, porque nos corresponde disfrutarla por justicia.

Si la Iglesia está pensando en sanar las heridas de quienes han sido maltratados en el devenir de su matrimonio es porque tanto dolor innecesario es como sangre que clama al cielo. Es la sangre de los hermanos que piden ayuda para rehacerse, para levantarse de sus rescoldos. No le toca a la Iglesia apagarlos, sino revivirlos. Misericordia es el lenguaje de Dios, que es Espíritu y ya viene. El único cisma, la única ruptura definitiva que yo intuyo en el tiempo presente es la de la hora de las tinieblas.

@karmelojph