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Desde las aulas – Por Juan Carlos Acosta

   

Mañana se celebra en todo el mundo el Día de África. También en Canarias, aunque en unas islas más que en otras. Así, Las Palmas de Gran Canaria despliega desde hace semanas un amplio programa de actividades organizadas por el buque insignia español para el continente vecino, Casa África, cuya sede se levanta precisamente en esa ciudad, con el apoyo de empresas aplicadas en la internacionalización de proyectos en los países cercanos, como la compañía Binter, o el propio ayuntamiento capitalino, que lidera la Red de Ciudades de África Occidental. Aquí, en la provincia occidental, prácticamente solo el Cabildo de Tenerife pone toda la pólvora necesaria para reforzar la aspiración de mantenerse firme en el rebufo de las expectativas archipielágicas africanistas, con mucho entusiasmo, ideas y con esa tradición que ha vinculado a la Corporación desde hace años a proyectos de cooperación con varios estados, sobre todo Senegal, con cuyo gobierno y comunidades mantiene lazos afectivos tan sólidos que incluso se retroalimentan con el tiempo.

Imposible comparar las actividades a ambos lados de la mediana que separa la región por la profusión incontestable de acciones que ha acogido la ciudad grancanaria, a la que solo cabe reconocerle su decidida apuesta de acercamiento desde las calles, plazas o dependencias institucionales a las realidades que emergen desde esos pocos kilómetros hacia el oriente. No obstante, si hay algo que llama la atención como coincidencia entre las programaciones desarrolladas por las instituciones citadas es una mayor dedicación a la divulgación en los centros educativos, una vertiente que podría ser muy acertada vista la poca propensión de la población adulta a verse atraída por la “africanía”, y porque únicamente la sabia nueva, con su sensibilidad y la ausencia de prejuicios añejos, será capaz de cambiar el panorama de unas islas que viven de espaldas a su realidad geográfica. Pude asistir a varios actos celebrados en institutos y colegios de Santa Cruz de Tenerife y tuve la certeza de que ellos, los jóvenes, desde las aulas, sí serán capaces de entenderlo. Lo vi en sus caras ante los mapas, ante las fotografías de la NASA, que delatan la cercanía escandalosa que hay entre Fuerteventura y Tarfaya, o frente a las cifras de la inmensidad africana, resumida en datos, indicadores y porcentajes que denotan la tendencia imparable de una mundialización que ya nadie cuestiona. Pude oír sus expresiones de interés, sus preguntas inteligentes, y apreciar la complicidad de quienes han entendido que tendrán que coger pronto el testigo para que Canarias asuma que África va a ser un continente clave para las generaciones de este siglo.