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Día de asueto – Por César Martín

   

Hoy me doy cuenta de que el niño ya creció y que los mayores se hacen viejos, de que los veranos no son largos y que el patio de mi casa ya no es tan grande. Suelo perder la perspectiva con una facilidad enorme. No soy consciente del paso del tiempo, de los años invertidos y de los cambios. Enfrascado en el día a día me cuesta reconocer las transformaciones. Ya no soy aquel que tenía diecisiete y soñaba mientras escuchaba a Silvio Rodríguez con La era está pariendo un corazón. Las canas en la barba que veo en el espejo delatan lo irremediable, aunque yo siga manteniendo la misma mirada de esa época, esa no ha cambiado, soy el mismo. Pero pasaron los años irremediablemente. Atrás quedó un cúmulo de experiencias, compendio de momentos intensos y de otros que preferiría olvidar que llevo en la mochila. Hubo personas que se apearon. Otras se subieron al tren y continúan hoy compartiendo vagón.

Algunos se marcharon para siempre dejando un rastro profundo y hondo. Hay quien tuvo la oportunidad de ser y nunca fue. Aprendizajes todos ellos que marcaron el devenir de un futuro ahora presente… Pasó lo que tenía que pasar, que se suele decir como manera de consolarnos por no querer afrontar lo que no salió como deseábamos. Mejor, no hay que remover conciencias ni crear obsesiones. Ocurrió; simple y llanamente. “Así es la vida”, como muchos suelen decir para justificar cualquier mal. Igual es la edad la que me hace tomar conciencia y despertar. Es como un vacío de pronto. El tumulto de imágenes, sonidos y palabras que deja el recuerdo forma un enorme agujero mental, un espacio donde uno se cuestiona el sentido de lo que se es. Instantes en los que vivir el presente se tornan una utopía por la mera frustración de no poder agarrarlos. Qué ilusos somos -y me refiero al ser humano en general- cuando creemos que podemos controlar todo obviando nuestras limitaciones… Hoy solo me queda aspirar a lo que los versos del citado cantautor cubano, “al final de este viaje en la vida quedará / nuestro rastro invitando a vivir. / Por lo menos por eso es que estoy aquí”.