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El día que nos quitamos los complejos

   
El estadiograncanario se tiñe de blanquiazul. / DA
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El estadiograncanario se tiñe de blanquiazul. / DA

FOTOS GERARDO OJEDA

JOSÉ ANTONIO FELIPE | Las Palmas de Gran Canaria

En Tenerife crecimos con un complejo durante muchos años: todo lo que tenía que ver con la UD era fantástico, ejemplar, salido del corazón, y el Tete era un club al que ni siquiera se le quería en toda la Isla. Ayer, si de boxeo se hubiera tratado, el empate técnico tenía que haber sido lo más justo, pero el fútbol es así de cruel. Por eso arrastra tanta pasión. Pero ayer se volvió a demostrar que muchos complejos están en el baúl de los recuerdos birria.

Desde primera hora de la mañana, Las Palmas de Gran Canaria fue blanquiazul. Muchos aficionados del CD Tenerife se dejaron ver por el paseo de Las Canteras, mostrando su optimismo a pesar de las dos últimas derrotas. Ayer, en el hotel de concentración del equipo blanquiazul, se pudieron ver aficionados grancanarios del Tenerife (existen) y niños que buscaban los autógrafos de los jugadores chicharreros, ídolos incluso de algún pequeño enfundado en camiseta amarilla.

Este Tenerife hizo que sus aficionados se sintieran orgullosos, porque han logrado, tras varias malas experiencias anteriores, que el aficionado se vea reflejado sobre el césped, porque a casta no le gana nadie, porque a sacrificio es imposible imponerse y porque, como tanto dice Simeone, el esfuerzo, cuando se trata de un jugador del equipo chicharrero, no se negocia nunca.
Quizás por eso el estadio de Gran Canaria registró la mejor entrada de la temporada, porque a este Tenerife todos lo quieren ver, incluso los que prefieren pensar que sigue siendo el equipo acomplejado, el equipo de Santa Cruz, poco menos que el equipo de los ricos, que en su día, de tanto repetirlo, consiguieron que se lo creyeran.

Quedan doce puntos en disputa, los play-off parecen cada vez más lejos, pero sería cruel, tan cruel como el desenlace del partido de ayer quedarse en eso, en el posible resultado final, sin valorar que la permanencia, la meta real, se logró hace mucho.
Ayer, curiosamente, las caras de los aficionados chicharreros reflejaban más orgullo que tristeza. Pocas cabezas bajas y más rostros ilusionados por lo que queda por venir. Y por lo que se deja atrás.

Varios incidentes aislados

Los 1.800 aficionados chicharreros desplazados a Gran Canaria provocaron que el duelo fuera declarado de alto riesgo. Horas antes del inicio del choque, la seguridad privada del estadio de Gran Canaria, así como la Policía Nacional, esperaba la llegada de los blanquiazules para tratar de minimizar cualquier atisbo de que se produjeran altercados. Cuatro seguidores del CD Tenerife fueron expulsados del recinto deportivo antes incluso de que arrancara el encuentro, según la Policía por “alterar el orden público” y varios aficionados de la UD Las Palmas, que no pararon de provocar a los blanquiazules, también fueron llevados fuera del estadio para evitar males mayores que no llegaron a producirse. Las mil tiras de plástico que el Frente Blanquiazul llevó hasta Gran Canaria, y que en principio no quería dejar pasar la seguridad privada de la Unión Deportiva por considerarlas peligrosas, dieron colorido especial a un sector que nunca dejó de animar y que enmudeció por momentos a la afición local, quizás confiada en una cómoda victoria de los jugadores de Sergio Lobera. Algo que, afortunadamente, no se produjo.