X
tribuna >

Diamantes en una caja de cartón – Por Leocadio Martín Borges

   

El sistema lo mantienen las personas. Si, lo sé, suena a frase de Facebook. Pero hoy tengo en que fundamentarla. En primera persona, valga la redundancia. En casa hemos tenido unos días difíciles. Afortunadamente, todo se ha quedado en un susto y una estancia hospitalaria de más de una semana. Cualquier padre o madre entenderá que acudir a urgencias de un hospital con tu hijo o hija no es un plato de buen gusto. En nuestro caso, significa que la situación nos parecía lo suficientemente complicada para justificarlo. Y lo era. Las urgencias de un hospital son un lugar difícil. Se vive el sufrimiento humano íntimo en primera persona, sin edulcorantes. Allí ves “de todo”. Y además llevas lo tuyo. Este sería el cuadro normal, pero es que además, las urgencias hospitalarias son las que más evidencian las carencias materiales que hemos ido sufriendo en estos últimos años.

Y leen bien, las materiales. Porque las humanas y profesionales consiguen contrarrestar este indeseable efecto de indefensión en el que nos sumimos los usuarios cuando llegamos en busca de ayuda. Desde el personal de limpieza, subalterno, auxiliar, hasta el de enfermería y medicina, rezuma profesionalidad, humanidad y compromiso con lo que hacen. La palabra más clara para definirlo es vocación. Gente joven y menos joven que se dirigen al paciente para informarles, tranquilizarles y hacerles partícipes de la situación que están viviendo, y convencerles que la traumática experiencia que está viviendo está en las mejores manos. Ver como tratan a personas mayores desorientadas y solas, a parejas de ancianos asustados, a pacientes con trastorno mental o a niños y niñas con sus padres y madres es una experiencia increíble. No se engañen. Esto no significa que me gustase estar allí. Pero me empeñe en buscar aquello que nos hacía sentir mejor mientras duraba nuestra estancia obligada. Esta reflexión en voz alta la hago extensiva al resto de profesionales de las plantas por las que pasamos y que, en todo momento, trataban que nuestra estancia fuese lo menos difícil posible. Es reconfortante observar como el personal sanitario se dirige al paciente, el cariño que le muestran, su profesionalidad al explicarle que es lo que está ocurriendo. Y a nosotros. Estamos en manos de los mejores, no me cabe la menor duda. De una profesión sanitaria hospitalaria de primer nivel. Que además lo hace tan natural, que resulta sencillo. No me queda otra que agradecerles sus atenciones y animarles a que sigan así, en esta línea de profesionalidad y vocación. Ustedes son el sistema sanitario. Las personas.