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Disfunción – Por César Martín

   

Yo lo que es el español lo hablo, igual no todo lo bien que debiera y meta algún gazapo, pero lo que viene siendo comunicar creía que lo tenía cubierto. La cuestión es que, pese al esfuerzo, pareciera que no se comprende lo que digo. Incrédulo, y algo atónito, comparezco hoy ante mi escritorio, tratando de encontrar respuesta a tamaña frustración. Puede que no tenga un acento adecuado, o tal vez es el tono, la inflexión, ¿áspera quizás? Lo mismo es necesario unas clases de fonética y fonología para lograr articular bien, que se entienda cuando forme las frases. Que la sintaxis no creo que sea, que esa la aprobé con buena nota. Diseccionaba oraciones con cierta habilidad cirujana: no había complemento que no se me escapara, ni sujeto que se escondiera… Pero igual debo volver a repasar esta materia e intentar hallar las causas de este problema.

Una solución podría estar en hacer frases simples y dejar las complejas a un lado. Además, que los últimos años me he disciplinado, ya no abuso del párrafo largo y me resumo brevemente, aunque eso se torna insuficiente visto los resultados. A lo mejor tomando también el camino de la morfología alcance alguna respuesta. Morfemas, lexemas, sufijos, prefijos… todos bien estructurados y clasificados. De ahí, con suerte, pueda partir a un nuevo campo semántico y comience a darle significados potentes a las palabras, de esos que traspasan conciencias, de los que llegan a comunicar de verdad. Eso y obedecer a ciertas leyes de la pragmática pueden esclarecer este déficit que hoy aquí analizo. Será como volver a renovar la gramática desde el inicio, una oportunidad de rehacer mi vida comunicativa, lograr por fin que la función del lenguaje se cumpla y satisfacer estas ansias de trasladar pensamientos al otro. Porque, y créanme, esto es un desasosiego, ver que no te entienden, que por más que uno explica las cosas no se enteran. Uno lo intenta una y otra vez, pero nada. Porque lo de que no hay más ciego que el que no quiere ver, ni más sordo que el que no quiere oír, eso… eso no será, ¿no?