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Domingo, el maestro – Por Juan Manuel Bethencourt

   

La Gala del Deporte de Tenerife es un evento con relieve ganado a pulso durante años, incluso décadas. Esto es así por el desvelo de profesionales muy concretos, aquellos que asumieron el liderazgo de un colectivo heterogéneo, con abundancia de perros verdes, aunque formado básicamente por muy buena gente. Compañeros como Agustín Arias, Norberto Chijeb y Paco Fariña lideraron un colectivo, la Asociación de la Prensa Deportiva, que nunca tira la toalla a la hora de contribuir a un mejor debate sobre la realidad deportiva de esta isla, igualmente prolífica. En este saludable contexto, que desafía abiertamente a la adversidad derivada de estos malos tiempos para el oficio y el negocio periodístico, la Gala es una puesta de largo válida para todo un año, una velada gozosa, de homenaje a los protagonistas de la noticia y camaradería entre quienes escriben las historias de nuestros ases. También en el periodismo deportivo hay quien alcanza por méritos propios la condición de crack, de fuera de serie en lo suyo. Y el premiado de este año, Domingo Álvarez, reúne todas las cualidades para ser definido como elemento excepcional. Disculpen ustedes, pero sé de lo que hablo al otorgar al homenajeado el lunes pasado el rango de maestro, así con mayúsculas. Con Domingo empecé a aprender algunas cosas de este oficio, allá en los estudios que Radio Cadena Española tenía en la ya demolida Ciudad Juvenil. La primera lección, que esta es una profesión en la que todos los días empiezas de cero, y que por tanto eres tan bueno como tu última emisión o tu último periódico. De aquello hace ahora treinta años, lo cual me parece increíble, pero, canas aparte, Domingo Álvarez es hoy la misma persona y el mismo profesional riguroso, entusiasta, independiente, de conocimiento enciclopédico, porque ya hace tres décadas, viendo él como venía del mundo del balonmano, como jugador de La Salle, era un entrevistador excelso y un magnífico narrador de cualquier especialidad, sobre todo los deportes de equipo. Entre aquellas cuatro paredes, con Manolo Negrín al frente, aprendí a amar el oficio periodístico, y bien que lo agradezco, pues compartir tareas con gente modélica le ayuda a uno a encontrar el propio camino. Felicito a los galardonados el lunes en el Guimerá, a las rutilantes figuras de nuestro deporte -Sergio Rodríguez, Ayoze Pérez- y a los emocionantes ejemplos de superación -Michelle Alonso-, pero acto seguido quiero decir que todos ellos tienen también la suerte de contar con un guardián de su relato como Domingo Álvarez, que, tras coleccionar no sé ya cuántos Juegos Olímpicos con el micrófono de RNE, sigue siendo aquel pibe sencillo que se moría por contar historias y contarlas bien.

www.juanmanuelbethencourt.com
@JMBethencourt