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Dormir bien – Por Wladimiro Pareja

   

A la consulta de los psicólogos llegan numerosos casos de personas con alteraciones del sueño, algunas leves y otras, severas, cronificadas a lo largo de muchos años. Una de ellas es el insomnio, que lo definimos como la dificultad para iniciar o mantener el sueño. Sus motivos son diversos, los hay que surgen de problemas físicos, como problemas con la tiroides o dolores musculares que no permiten que las personas descansen con profundidad y tengan un sueño reparador. En otros casos, se gestan en problemas emocionales derivados de situaciones postraumáticas como pérdida de un ser querido, rupturas de pareja, entre otros. En numerosos casos, en esta época de crisis, se derivan de problemas económicos o por el fantasma de la posible pérdida del trabajo. En la gran mayoría de los casos es el resultado de la interpretación de lo que nos está ocurriendo en ese momento de nuestra vida, o sea, si la persona interpreta que el suceso es potencialmente amenazador, su actitud ante él será el de mantenerse alerta. Ante esta situación y activación como suceso amenazador, el cuerpo no se relaja y por lo tanto no se deja caer en el descanso, porque nuestra parte intelectual repasará una y otra vez el suceso intentando resolverlo; finalmente, nuestra parte emocional puede resentirse por una oleada de fuertes emociones como la tristeza, sentimientos de rabia o cualquier otra que nos mantiene activados y tensos en la cama. En todos estos casos habrá que explorar física, mental y emocionalmente los motivos de nuestra alteración del sueño, ya que un desequilibrio en uno de estos centros tiende a afectar al resto. En efecto, un ejemplo de esto consistiría en que un problema en el trabajo nos induciría a repasarlo mentalmente una y otra vez, lo que podría provocar sentimientos de angustia y ello produciría tensión física. Este sería el caldo de cultivo para que se den alteraciones del sueño. De esta forma, el trabajo terapéutico irá enfocado al estudio de los desencadenantes que han provocado esta alteración, conjuntamente a técnicas de abordaje para deslastrar cada uno de los centros. Unos dirigidos a relajar el centro físico -el cuerpo-, otros enfocados al centro intelectual, desarrollando técnicas de afrontamiento y resolución de problemas y, por otro lado, habrá que explorar nuestras emociones y sacarlas a la luz con el fin de sanarlas. Algunas técnicas corporales son la relajación Jacobson y otros ejercicios de respiración profunda. Con respecto a la desactivación mental, en ningún caso lucharemos contra nuestros pensamientos, pues ello que crearía tensión, por el contrario observaremos simplemente lo que pensamos y aquí nos ayudarán las técnicas de meditación y de visualización. El uso de medicación en determinados casos nos ayudará conjuntamente con la psicoterapia hasta que queden normalizados de nuevo unos hábitos sanos de sueño. Unas consideraciones básicas a tener en cuenta para irnos a la cama son las siguientes: 1)Habitación sin luz (a oscuras) y condiciones adecuadas (dureza de la cama y sin excesivo abrigo). 2)Cenar ligero y no ingerir bebidas estimulantes hora y media antes de acostarse. 3)Crear una rutina en los horarios. Irnos a la cama a la misma hora. 4)La actividad y ejercicio físico moderado finalizarlo unas horas antes de acostarnos 5)Los temas trascendentes se quedarán fuera de la cama y en ningún caso permaneceremos en ella si no logramos conciliar el sueño. En este caso nos levantaremos y nos ocuparemos en realizar alguna actividad que no implique que nos activemos. En nuestra próxima colaboración trataremos directamente el tema del miedo, presente como acabamos de ver en el insomnio y obstáculo clave para una buena calidad de vida.

*PSICÓLOGO (wladimiropareja@gmail.com)