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después del paréntesis>

Elecciones – Por Domingo-Luis Hernández

   

Que vivimos en un país políticamente infausto no hace falta que lo porfiemos, lo vivimos hasta el paroxismo; un sistema de enseñanza cerril, una justicia aberrante, unos políticos que no se tienen en pie, corrupción hasta en los fideos, por no hablar de sublimes estrategias unilaterales, esas que dicen que yo soy Estado y los demás a callar, o corruptos los otros, o si nacionalista catalán tú español yo que soy el que manda. Luego es presumible que una congregación religiosa, llamemos Santa Madre Iglesia Católica, tenga a bien inscribir en el Registro de la Propiedad un patrimonio público que ellos no cuidan ni cuidarán, lo cuida y lo cuidará el erario de todos, pero lo inscriben. O lo que es lo mismo, hurtan ese patrimonio a quienes son los legítimos propietarios de la Mezquita (que ahora es Catedral, solo Catedral).

Eso es impar, digo, siempre hay listos por el mundo que corren más que los cojos; eso es impar, aunque no aberrante, lo aberrante, lo que en ningún país civilizado tiene la más mínima seña de racionalidad es que el Estado (o el PP en el Estado) le de la razón a la Santa Madre Iglesia Católica y, entonces, no solo absorba sino que actualice, singularice y distinga unilateralmente en beneficio de su credo lo que es el emblema en el mundo de la presencia de otra etnia, de otra entidad que vivió por siglos en Al-Ándalus; y más, que estos abyectos políticos que han ocupado el Estado quieran hacernos ver que obrar por consecuencia en contra de los impostores (por más Iglesia que esta sea) afea a la Santa y Madre en cuestión, cosa que pone nerviosos a los opositores, claro, por los votos. De manera que la acción política aquí guarda ese cauce para que la atarjea no se desborde cuanto toque riego. Y entonces nos preguntamos por qué demonios los impostores dichos se empeñan en colocarnos fuera del universo conocido, cual si personajes conectados a las máquinas ilusorias (eso nos enseñó Matrix) se tratara. Discurso prodigioso, por ruin e infame. Como ocurre con el problema político de Cataluña, que el dicho Rajoy (que se dice político) no atiende como problema político. De lo cual se sucede que tratamos con un tal Mas que es imbécil y como tal ya veremos, el tiempo justificará. Eso, y no que dos no están juntos si uno no quiere. Es decir, lo que confirma a la democracia son los actos de democracia y todos los demócratas tenemos derecho a decidir en democracia. De donde, los actos en contra de la democracia (por muy aberrantemente legislados que estén, Constitución al canto, que se incumple en lo que toca a la Santa Madre Iglesia Católica, por ejemplo), los actos en contra de la democracia son actos absolutistas, totalitarios, no democráticos y quien le tiene miedo a la democracia es sospechoso de demócrata, Rajoy en su punto y quienes lo acompañan, incluido Rubalcaba.

Luego, uno oye a políticos dar el espanto para las elecciones y corre con las ganas de refugiarse en una cueva como los guanches. Oí a uno decir que la señora Valenciano no daba el pego, porque en Europa unidad y aquí el PSOE a por lo suyo. Y al Cañete afirmar que, dado de donde vienen, es decir, de no enterarse de nada, que por eso ellos lo están arreglando, al PSOE ni agua para el descanso.

Es decir, sujetos encargados de hacer pervivir eso que los antiguos griegos inventaron como “polis”, la capacidad de discutir, de asegurar la dialéctica como principio, y que ellos lo niegan. ¿Alguien da más? ¡Que viva Europa!