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por qué no me callo >

Europa y Nogales – Por Carmelo Rivero

   

La palabra Europa, según qué contexto y época, tiene, en donde nos dicen ‘periferia sur, distinta connotación. Hace treinta años era una quimera al fin asequible tras un sueño largamente incubado como un amor que se resiste (aquellos versos de Pedro Salinas, “¡si me llamaras, sí;/si me llamaras!”). El sueño de Monnet. Hace un par de años, echábamos pestes de la Europa de la austeridad, Merkel nos despertaba del sueño y nos dejaba carbón. Despotricamos del euro, de los tristes van Rompuy y Catherine Ashton, de Durao Barroso y Olli Rehn. Algunos hacían odas a la peseta. Ahora, Europa se lava la cara, cortejándonos. Aquel cañamazo de reglas impasibles se vuelve de seda para que votemos el 25 de este mes. ¿Por qué fracasa Europa? La respuesta la encuentro en un libro de lectura obligada, de los economistas Daron Acemoglu y James A. Robinson (Por qué fracasan los países).

La causa reside, siempre, en la calidad de las instituciones, débiles e ineficaces, y en sus élites extractivas. El nuevo Parlamento de 751 escaños, la Comisión, el Consejo, etc, no garantizan la distribución de la renta ni la democracia real entre ricos y pobres (henos aquí, entre estos últimos, con la vitola de cuarta potencia y casi seis millones de parados que no se lo explican). Una Europa extractiva, de mercados y oligarquías, incapaz de tener un plan para Ucrania, no va a ser una Europa inclusiva en la vida (equitativa con los socios). Por eso no va bien. Carece de andamiaje, de instituciones estimulantes, como hemos visto en la crisis. El ejemplo de laboratorio de este libro es una ciudad, Nogales, dividida en dos: una en Arizona y otra en Sonora (México), con la misma procedencia cultural, separadas por una alambrada; la de Estados Unidos es la exitosa, la del sur prueba que la pobreza tiene origen político: sus instituciones son un desastre. Pero Europa (dos Nogales: el Norte y el Sur) necesita nuestro voto y se lo tenemos que dar como si estuviera en nuestras manos la frágil jarra del sueño que se puede caer al suelo. Cuando hayamos acudido a la urnas vendrá a la isla el economista francés Serge Latouche (foro Enciende la Tierra, 12 de junio, Espacio Cultural de CajaCanarias), teórico del decrecimiento, que propugna embridar al caballo loco del desarrollo y “trabajar menos, para que trabajen más” (quizá una razonable receta para Canarias, ah, si renováramos los votos con la utopía).