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después del paréntesis>

Europa – Por Domingo-Luis Hernández

   

Las pasadas elecciones europeas ponen sobre la mesa datos que comienzan a dar pistas sobre el futuro. Una, la abstención no da crédito a lo que los políticos que manejan el continente suponían, pues creció la participación. Y eso arrima el ascua a dos sardinas: el crecimiento de los radicales y los contrarios a la integración europea, y el ascenso de la izquierda. Por el primer caso la Cámara cuenta con más del 20% de los votos; por el segundo el rechazo a las políticas de austeridad y las protecciones financieras tienen ya una voz que será oída. De lo cual se sucede que Europa, en verdad, es doble. Una, los partidos al uso franceses se levantaron al día siguiente con el susto en el cuerpo porque su Frente Nacional anda por las nubes. Pero ahí no para la cosa: Marine Le Pen se hermana con los daneses, una parte de los finlandeses, de los griegos, de los italianos, húngaros, alemanes y los del Reino Unido; dos, la otra parte de Europa comienza a socavar los pies de barro de quienes nos tienen a mal traer. Cabe concretar, pues. Las pasadas elecciones demuestran lo que la Europa actual es. Gracias a la inestimable ayuda de doña Margaret Thatcher, de los mandatarios adeptos y de los aparatos del capitalismo que nada tienen que ver con la democracia (como la Troika y el Sistema Monetario Internacional), la destrucción del modelo de Estado de Europa (de economía mixta y reparto social) quedó sentenciado: estados ocupados. Aún no se sabe si será el derechista Jean-Claude Juncker el que pondrá la cara o será el supuesto social demócrata Matin Schulz el que representará a la Comisión, o si, dadas las circunstancias y según los deudos, lo apropiado será una gran coalición, en tanto las dos ideologías en curso no se repelen tanto según y cómo. No soy pesimista empero. Lo alegado abre la puerta. Más de uno en un futuro más o menos próximo saldrá trasquilado, como en Juego de tronos. Lo que denuncia lo uno y lo otro es el desastre al que el autoritarismo nos ha conducido. Así, las votaciones dicen que si doña Angela Merkel es una preclara nacionalista, que pone en jaque a Europa por su Alemania, ¿cómo no acudir con el mismo patrón en Francia, Dinamarca o en el Reino Unido? Es algo parecido a lo que ocurre con Cataluña, donde un gobierno central tacha de antiespañoles a lo que creemos que dos no están juntos si uno no quiere, y precipita al vacío la capacidad de cada individuo en democracia a decidir. No se pregunta por qué de un 30% de independentistas allí se ha pasado a más de un 60%. Quiero decir que si por la ultraderecha y por la izquierda se cuestiona el actual modelo, lo más consecuente es preguntarse por qué y actuar en consecuencia. Por qué se permiten miles de millones de euros para el rescate de la banca y no para detener el paro galopante o para dar cobijo a los desesperados, por qué nadie manda a su casa a un alto dirigente de la Comisión que proclama bajar más los sueldos a los trabajadores en el Sur, por qué nadie ataja las diferencias de riqueza aun en la crisis, por qué no se oyen juicios beligerantes contra la imposición del Norte frente a la producción y los servicios en el Sur, por qué protegen a los paraísos fiscales y cargan el rescate en las nóminas y la minora de servicios como la sanidad, la educación, la investigación…, por qué le bajan los impuestos a los ricos, por qué cambian las reglas de juego con los patrones… Que el bipartidismo tiene los días contados es una buena noticia, ellos se lo han ganado a pulso. En España el parlamento que resultaría de la proyección de los votos para Europa daría un parlamento a la italiana más que lo que ha ocurrido hasta ahora. ¿Lloraremos por ello? Inopinadamente el PP no ha perdido. Pero, por fin, voces hay que los discuten.
El para bien o el para peor es lo que veremos en adelante.