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Luces y sombras>

Frikis – Por Pedro H. Murillo

   

Hace exactamente una semana, en la sede del partido Popular en Génova, lugar en el que han transitado tantos sobres extraños, María Dolores de Cospedal comparecía con un Arias Cañete con cara de mamífero recién operado. Proclamaba la victoria de las elecciones europeas con una mueca propia de personaje de Ionesco o de muñeca rota. No había ni un atisbo de crítica, sólo una suerte de emoción impostada propias del estado de shock en el que se encontraba Europa. Mientras el Frente Nacional ganaba en Francia y la extrema derecha entraba en el parlamento y los valores de los que fundamentaron la Unión Europea se diluían como una enfermedad auto inmune en las urnas, Cospedal lanzaba un pírrico volador. No importaba la pérdida de dos millones de votantes ni el claro mensaje de desafección a la casta política por parte de los ciudadanos. Pero, mira por dónde, que mientras un PSOE intentaba cerrar una herida de dimensiones continentales con una tirita, la estrategia de los populares ha sido recurrir al insulto y a la bajeza ética. Negar la clara irrupción de Podemos como catalizador del descontento ciudadano y considerarlo, como ha sentenciado el ideólogo del PP, Pedro Arriola, como frikis es de una torpeza supina y denota que las grandes formaciones políticas tradicionales tienen un miedo atroz al debate y sobre todo al ciudadano crítico. Independientemente, de sí estoy de acuerdo o no con algunas de las tesis del partido de Pablo Iglesias (su apoyo al régimen venezolano es más que discutible), la descalificación del PP o de políticas como Rosa Díez a la opción elegida por más de un millón de electores de este país me recuerda a la actitud de aquellos matones obtusos del colegio que pegaban a los compañeros por tener gafas o por gustarle el latín. Sólo los imbéciles, meapilas optan por la violencia verbal que sólo puede atribuirse a la idiocia intelectual y a la impotencia de aquellos que cuentan con un poderoso músculo propagandístico pero se encuentran huérfanos de la razón. De ahí, que al igual que hacen algunos afortunadamente pocos conocidos comunicadores de extrema derecha, recurran al insulto anatómico resaltando como argumento atentatorio el hecho de que Iglesias lleve coleta o sea un friki. Afortunadamente, por mi experiencia, aquellos matones escolares han terminado sexando ornitorrincos o como concejales trasnochados.