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Giuseppe Tornatore – Por Luis Ortega

   

En la noche del 6 de mayo respondí la llamada de un colega y, aún así, amigo – cinéfilo con tiempo y medios para su pasión – indignado por el cierre de nueve canales de TDT, en cumplimiento de una sentencia inapelable del Tribunal Supremo por la adjudicación directa (en julio de 2010 y por el último Gobierno de Rodríguez Zapatero) a distintos operadores privados, sin cumplir con el obligado concurso público. La radical medida fue recurrida sin éxito por Mediaset, Atresmedia y otros propietarios. La ira de mi compadre se concretaba en la suspensión de emisiones de La Sexta 3, dedicada exclusivamente al cine de culto y su advertencia me valió para gozar, una vez más, de Cinema Paradiso (1988), el mayor éxito italiano en la segunda mitad del siglo XX. En una tranquila tarde de sábado recibí su visita y, con gratitud, un emotivo regalo: los cuatro títulos con los que el grupo de Lara despidió su atractiva y atemporal ventana, tan necesaria para llenar ocios y paliar insomnios. Como todos sus trabajos, la grabación llegó limpia de publicidad y quedamos, cuando nos cuadrara a ambos, para una sesión prolongada con ¡Qué bello es vivir!” (1946) de Frank Capra, un tierno menú de Pascuas; Solo ante el peligro (1952), western memorable de Fred Zinnemann con el gran Gary Cooper; El Alamo (1960), hito épico del gusto americano dirigido e interpretado por John Wayne y, claro, la confesión de amor al cine más delicada y popular de todos los tiempos.

En la difícil coyuntura que viven los medios de comunicación y la industria cinematográfica, la caída de seis cadenas es, sin paliativos, una mala noticia, endulzada por una programación en la que ambos holdings dieron el do de pecho antes de la despedida y cierre. En la mala hora, la ópera prima del siciliano Giuseppe Tornatore (1956) mostró todo su poder de evocación a los naturales de pueblos pequeños y, desde luego, a los insulares, que tuvimos en la gran pantalla las aventuras y los mundos acariciados en la distancia, acompasados en la nostalgia de una banda sonora e inolvidable de Ennio Morricone. La carrera profesional de Tornatore arrancó con tanta fuerza y reconocimiento -Oscar a la mejor película en lengua no inglesa, Globo de Oro, y premios Bafta en todas sus categorías – que sus trabajos posteriores quedaron eclipsados por aquella fascinante relación de un niño listo y travieso con el operador de un cinematógrafo pueblerino que estimuló sus sueños y orientó sus ambiciones.