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González Regalado – Por Luis Ortega

   

Nunca es tarde para materializar un sueño y siempre vale la pena la espera que lleva a un buen fin. El notable legado de quien fuera su alcalde -y es, para la plena satisfacción de sus paisanos e innumerables amigos, cronista riguroso de sus antigüedades, cicerone ilustrado y ameno de sus valores monumentales y sus rincones secretos y, sin duda alguna, el mejor intérprete artístico de sus singularidades- ya está depositado y expuesto en Garachico. Gestada durante la alcaldía de Juan Manuel de León, tomó el testigo el actual regidor municipal, José Heriberto González, y aceleró la recepción, aprobada por unanimidad del Pleno municipal. Mayo, y es la efeméride del año, se abrió con un acto de estricta justicia y amplia trascendencia cultural y con la Casa de Piedra adornada con una espléndida colección de plumillas, la parte visible y más atractiva de la donación efectuada por González Regalado. Por consideración especial, debida a su acreditada bonhomía y no a mis méritos, y por la amistad que nos une desde siempre, tuve la suerte de expresar en alta voz un sentimiento de gratitud y un alegre estado de opinión que implica a quienes conocen al ciudadano y al artista que ha tenido en su pueblo natal el espejo de sus virtudes cívicas y sus fuentes de inspiración.

Pocos lugares tienen el privilegio de contar con una dedicación tan fiel e inteligente, tan larga, apasionada y generosa como la que profesa Pascual por la Villa y Puerto, a la que dio escudo y bandera, heráldica pétrea para sus edificios destacados, diseños y dirección de monumentos conmemorativos, carteles y mascotas para sus hitos y conmemoraciones, señalética urbana, ideas para actos y celebraciones y, en todo tiempo, una disposición plena para colaborar desinteresadamente en todo lo que se le demande. Ahora, cumplida su ilusión, las docenas de plumillas del mejor dibujante de arquitecturas que tenemos en Canarias -porque es capaz de entornar con delicadas atmósferas los trazos seguros y sugestivos- permiten a naturales y viandantes disfrutar de una visión intensa y estética de un municipio que tiene, entre sus títulos, la Medalla de Oro de las Bellas Artes. Compartir los encuadres y composiciones de un artista honesto y solvente, los lujos que dejó la historia en la risueña marina y el casco urbano, en los barrios de la periferia llana o ascendente, suponen un original incentivo para visitar el municipio que ya, por su celo conservacionista, es un destino conocido y grato para nacionales y foráneos y, a través de este magro museo, llevarse una idea global y cabal de un pueblo inolvidable.