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Guerra eléctrica – Por Francisco Pomares

   

El Ministerio de Industria ha dado otra vuelta más de tuerca a Endesa, dentro de la política de asfixia que mantiene el Gobierno con la eléctrica, a cuenta del parón de la central nuclear de Santa María de Garoña, en Burgos. La central, que es la más antigua de España, está parada desde hace más de un año, aunque no cerrada, porque a pesar de que el Gobierno quiere que siga en activo, Endesa exigió para mantenerla en funcionamiento todo un catálogo de exenciones fiscales, para reducir el impacto económico de mantener la seguridad de aun planta ya envejecida.

La historia de este conflicto de Garoña, de los tiras y aflojas a cuenta de la determinación de Endesa de no dejarse forzar por el Gobierno a asumir unos costes que considera inaceptables, sería sólo un episodio más del inacabable pulso entre el ministro Soria y la(s) eléctrica(s), si no ocurriera que las últimas patadas del Gobierno al trasero de Endesa, se las está propinando Soria a la compañía en proyectos muy importantes para el desarrollo energético de Canarias: el ministerio ha ordenado la salida de Endesa del proyecto del gas en Canarias, dándole un plazo de tres meses para que logre un acuerdo de venta de su participación en las regasificadoras de Gran Canaria y Tenerife a Enagás. También ha decidido la liquidación de la participación de Endesa en la central grancanaria de Chira-Soria, de la que Endesa tiene que salir antes de que finalice este año. Y ahora ha bloqueado la creación de los nuevos parques eólicos en Canarias que Endesa pretendía acometer.
El Gobierno explica que se trata de evitar un exceso de dominio de Endesa en el mercado local, lo que parece en principio razonable. Pero todas estas decisiones, una detrás de otras, anunciadas en tan breve espacio de tiempo, y después de décadas de monopolio exclusivo de Unelco-Endesa en las Islas, huelen a ajuste de cuentas por haberse negado la corporación eléctrica a asumir los costes de mantener operando una nuclear ya obsoleta.

Este Gobierno que reclama todos los días su vocación liberal y alardea de la voluntad de permitir actuar de manera autónoma a los agentes económicos, actúa en lo cotidiano de una forma absolutamente intervencionista. Endesa tiene sus abogados y sus medios para defenderse, supongo que lo harán. Pero mientras siguen en esta pelea, en Canarias seguimos con instalaciones y redes de distribución cada día más obsoletas, contaminantes, costosas e insuficientes. El ministerio debería ocuparse de eso también.