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La importancia de hacer política – Por Cecilio Urgoiti

   

El debate parlamentario del mes pasado sobre el referéndum catalán fue de “guante blanco”, con palabras muy medidas de exquisito trato, salvo en el caso de doña Rosa Díez, que por cuestión de constante campaña electoral y, por consiguiente, de votos y mucho populismo desintegrador, no cambia su guión, se trate de lo que se trate. Añadiendo, eso sí, estas lindezas: “No es cierto que no haya opresión en Catalunya. Los ciudadanos no nacionalistas viven oprimidos”, que como veréis, no venía a cuento, o al menos yo así lo creo. En honor a la verdad, yo esperaba un debate de calado superior y acompañado de una lección de política constitucional. Yo creía que tras un largo periodo de silencio el líder popular iba a dejar ver algo de cintura política. Cosa que no ocurrió. Sí se vio a Rubalcaba, con un brillante discurso, sin leer, lo que le hace mucho más veraz. Le aplaudió su partido y el partido que sustenta al Gobierno, en el hemiciclo tras su intervención y le volvió aplaudir el del Gobierno, cuando salía, incluso obsequiándole con algún “bravo”. En algo se equivocó; debe de hacérselo mirar. Yo abrigaba una falsa esperanza. Siempre he creído, y además pensaba, que ese era el día de la “política”, por la solemnidad que se le había dado al acto.

Me extrañó la ausencia del “honorable”, pero pensé que evitaba tragar más de un sapo. No fue así. Catalunya, nos guste o no, es una nación y como tal va actuar. A partir de ahora, el pueblo catalán se va a ver como “una nación sin estado” y va a empezar a ir legitimando esa condición. Es más, va a buscar esa otra pata, que hoy le falta, para legalizar su condición de “estado”. La autodeterminación de los pueblos, una vez lograda en su interior, es confirmada por su constatación en el exterior. Un pueblo así está legitimado a tramitar su independencia. Cosa aparte es que ese pueblo pueda con la actual legalidad hacerlo. Para ello está la política. Sus asperezas en esos largos y retorcidos senderos las salva el diálogo político. La propuesta de Rubalcaba pasaba por un federalismo con fecha de caducidad. Se me antoja pensar que la misma que hubiera tenido el Estatut, sin el “cepillado constitucional” a propuesta pepera. Es muy probable que ya no encaje en los idearios de los buscadores del nuevo “estado”. Debe de tenerse en cuenta que Catalunya es nación no a partir de estos días o meses, y si ha vivido sin estado, puede seguir viviendo de esa forma. Lo desastroso de todo esto es que la desidia del presidente Rajoy, amparado en el marco constitucional, con una sola visión jurídica, no le ha permitido ver que lo que fue un intento, con poco fundamento, ha ido cogiendo fuerza y la bola de nieve puede ser un alud. No he querido poner ejemplos de otras naciones sin estados, pues cada una es como es y aspira a su autogobierno con planteamientos diferentes y aun más, con antagonistas también diferentes. Lo bueno es hacer política antes de que otro la haga por ti.