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Impunidad de expresión – Por Luis Del Val

   

La libertad de expresión es algo que no puede amar más intensamente Elena Valenciano que el firmante de este artículo, aunque sólo sea por razones de edad, porque yo ya escribía en tiempos de la Dictadura y conozco bastante la diferencia. Precisamente ese anhelo por la libertad de expresión fue el que me llevó a abandonar por un tiempo mi oficio, y adentrarme circunstancialmente en las aguas de la política para volver, enseguida, a la orilla profesional. Y no me arrepiento. Ni de haber participado en la política activa ni, mucho menos, de haberme retirado. No solamente creo que tengo bastante claro lo que es la libertad de expresión, sino que me parece que cualquiera la diferencia de la impunidad de expresión, que es el ghetto de Internet en el que se esconden los cobardes que no aman la libertad de expresión, sino la libertad de la injuria amparada en la impunidad. Elena Valenciano, mucho más joven, puede confundir la libertad de expresión con la libertad de injuriar, y le aseguro que son dos conceptos nada semejantes, y por eso me parece bien la iniciativa del ministerio de Interior para identificar a los injuriadores, que no significa que los vayan a atropellar, sino que se harán las gestiones para que les conozcamos. Y, a partir de allí, como quiere doña Elena, podrá equipararse Internet a cualquier otro ámbito. Como no puede equipararse es cuando los que insultan e incitan al odio y hasta enaltecen el asesinato, lo hacen escondidos en el anonimato. Libertad de expresión, sí. Diga usted lo que quiera, y si intelectualmente sólo sabe insultar, insulte, pero sepamos quién nos insulta, quien nos difama, para poder tomar las medidas oportunas. Claro que siempre habrá un cobarde que nos denigrará y calumniará, pero que no sean legión. Y que cuando calumnien sepan que se exponen a lo mismo que se expondrían si ultrajaran en cualquier otro espacio público, sin el comodín de la impunidad.