X
a babor>

Incautos y serviles – Por Francisco Pomares

   

El comunicado de los senadores del PP explicando el número de circo que se montaron la semana pasada es de antología. No sólo porque -de ser cierta la excusa que arguyen para justificar el circo- se haría patente por Sus Señorías tal ingenuidad que rayaría en lo patético. Fiarse de la información del adversario para basar en ella las decisiones que se adoptan no suele ser lo más frecuente en política. Ni en la guerra, ni en los negocios, ni en las relaciones humanas. Que los senadores del PP dieran por bueno, en un asunto con tanto recorrido como el de las prospecciones, lo que Rivero dijo tras la reunión con Rajoy, resulta más que increíble. Que además lo planteen como una excusa para el desaguisado ridículo en el Senado, es de chiste.

Pero a mí no me preocupa tanto el ridículo del PP ni las consecuencias prácticas de este asunto en un debate que escapa ya a toda lógica o sentido. Lo que me preocupa del comportamiento de los senadores del PP, es lo que el portavoz popular en el Senado, Jose Manuel Barreiro, le explica a los ciudadanos para justificar el comportamiento de sus senadores. Lo que me preocupa es la absoluta claridad con la que asume que el total sometimiento de los parlamentarios a la dirección de sus partidos. Lo que dice Barreiro -por escrito, y supongo que después de haberlo pensado- es que los senadores del PP, tras casi un año de mantener el PP una posición favorable a las prospecciones, cargada de argumentos reiteradamente esgrimidos por los propios senadores (hay declaraciones de Pepa Luzardo y Antonio Alarcó para llenar un archivador) interpretaron que Rajoy había cambiado de opinión y pactado una cosa distinta con Rivero, y se aprestaron sin debate alguno a hacer que su propia posición copiara la del líder. Lo de menos es si es cierto o no que ese fue el motivo de la gambada del Senado.

Es el motivo que esgrimen para explicarla, y al hacerlo lo que de verdad explican es que en el PP las se cambia lo que haya que cambiar si lo decide quien manda. Siempre he defendido la necesidad de que los partidos no actúen como reinos taifales controlados por baronías… pero para que los partidos tengan algún sentido, las decisiones de la dirección deben ser el resultado de la democracia interna, no fruto del antojo de sus líderes. Cuando el senador Barreiro deja ver que el rol de los senadores populares es adaptar su discurso a lo que se supone quiere Rajoy en cada momento, alienta a quienes consideran que el Senado sobra. Y con él, esta forma servil y vicaria de entender la representación política.