X
el dardo>

Iniciativa solidaria – Por Leopoldo Fernández

   

El Consejo Escolar de Canarias ha solicitado que los comedores escolares que abran durante el próximo verano acojan también a los estudiantes de la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) y a los menores de 18 años que presenten necesidades especiales. El propio Consejo cree que, como complemento de esa medida social -implantada por segundo año para ayudar a las familias con dificultades económicas-, y de los cursos de inmersión lingüística, centrados en el inglés, deberían incluirse algunas actividades físicas y deportivas, por sus efectos beneficiosos para la salud y el disfrute del ocio. Desconozco cuántas familias de alumnos de la ESO estarían interesadas en que sus hijos menores de 18 años puedan acogerse a la medida puesta en marcha por el Gobierno canario, con señalado éxito, todo hay que decirlo; pero no creo que en ningún caso su número hipoteque los presupuestos de la Consejería de Educación. Tanto la demanda para alumnos de la ESO -que en algunos casos ya se aplicó durante el pasado verano-como la solicitud de prácticas deportivas son peticiones razonables cuya viabilidad dependería, en el peor de los casos, de un modesto crédito extraordinario que podría ser aprobado sin mayores dificultades. Se ampliaría así el campo de acción de una feliz idea de la administración educativa que, a la vista de la demanda de plazas gratuitas para comedores escolares -11.500- durante el presente curso académico, viene a cumplir un destacado fin de solidaridad en tiempos de crisis y dificultades económicas para muchas familias canarias. Como aún no se ha cerrado el periodo de matrícula, sería conveniente que tanto la Consejería como los ayuntamientos, cuya colaboración resulta imprescindible para garantizar el éxito de estos comedores y de los cursos de inglés -a los efectos de organización del transporte y del suministro de las vituallas, así para como la contratación de profesorado, monitores y subalternos a fin de lograr el mejor funcionamiento de los colegios-, se pusieran de acuerdo para solventar las posibles diferencias de criterio y no dejar nada a la improvisación. La experiencia del curso pasado es ya un excelente punto de partida para conseguir un acuerdo general entre Administración autonómica, corporaciones locales, profesorado y padres de alumnos, de modo que sea punto de partida para el mejor funcionamiento de un programa que, con independencia de los efectos económicos de la crisis, puede y debe seguir en el futuro. La recuperación del alumnado con problemas, la conveniencia de que los chavales mejoren sus conocimientos de idiomas y que al tiempo puedan contar con lugares adecuados para el disfrute del tiempo libre son razones que por sí solas lo justifican.