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Juntando motivos – Por César Martín

   

En un rincón del Atlántico, en las medianías de una isla macaronésica, se puede hablar a la vez de literatura y de política. No importa si se conocen todos los intríngulis, todos los secretos y detalles; tampoco significa demasiado si se está alejado del continente europeo, aunque se forme parte de lo que se empeñan en llamar Europa. Para este tipo de menesteres solo hace falta rendir cuentas a un dios pagano. En este caso la providencia me llegó en nombre de la diosa Tana, que fruto de mi imaginario, debe ser algo así como una ahijada de Baco, armada de buen caldo y papas bonitas, de las tempranas, que con mantel de hule es capaz deleitar a los comensales. La parroquia a la que me uní fue la de siempre. Son los pocos valientes que quedan con el suficiente valor para escalar y descender las medianías sin arriscarse por la loma.

Estos buenos amigos son capaces de mantener una conversación sosegada, pausada, tranquila. No se oyen gritos ni aspavientos, no se discute por mis huevos y mirando al ombligo. Se escucha al otro con admiración, y eso, pocas veces ocurre. Es la solera que les da la madurez, el saber de donde se viene y el incierto de no saber a donde se va. Así es como se pudo hablar de política y literatura a la vez, porque en estas circunstancias, la vida puede ser muy puta, como la tuya o la mía (que no la de ella), pero siempre queda el refugio del arte y los compañeros de batalla para encontrar el consuelo que la realidad no da. Con una cuarta (aunque a veces haga falta media) el mundo se ve con otra óptica, pero no la del borracho ausente, sino la del lúcido que con claridad y melancolía analiza el presente cargado de ponzoña y hastío. Al menos estos momentos de tertulia ayudan a recobrar la motivación para no tener que ser la generación que “llora sus treinta y pocos años absurdos, su niñez desaprovechada, su juventud perdida”, como el personaje de Luis Alemany en Los puercos de Circe… Lo único que se nos pasó, y mira que te lo dije, fue preguntar hasta cuándo le queda género a la diosa. Habrá que volver.

@cesarmg78