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¿La Europa de los ciudadanos? – Por Fran Domínguez

   

El interés de la ciudadanía por las elecciones europeas es tan pequeño como grande deviene el interés por la Champions League, por poner un ilustrativo a la par que futbolero ejemplo. Somos europeos, viajamos libremente por los países miembros de la Unión -28 ya-, tenemos una moneda en común, nos beneficiamos de programas, de subvenciones, de ayudas, de intercambios… Sin embargo, cuando hay que participar de manera directa , dentro de los márgenes que nos dejan, que no son muchos, solemos mirar para otro lado como si la cosa no fuera con nosotros, y casi, casi… La reciente encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) corrobora bien a las claras este evidente desapego; por ejemplo, solo el 17% de ciudadanos españoles sabe cuándo son los comicios europeos (en esta ocasión, el 25 de mayo, para los despistados); y por desglosar otro revelador dato de preocupante desafección, únicamente el 8,2% se considera ciudadano comunitario. No culpo de ello a los escépticos potenciales votantes. Los mecanismos de implicación popular con el proyecto común europeo son los que son y no tienen visos de cambiar. Los entes supraestatales quedan bastante lejos para el común de los mortales que forma parte de una u otra manera del Viejo Continente, tanto si vive en la ultraperificidad como si reside en la propia Estrasburgo. Cualquier persona que haya ido a Bruselas y visitado las instituciones de la Unión Europea (UE) se da cuenta del enorme monstruo burocrático que tiene ante sí, donde el entramado político es tal, que las decisiones, pese al tamiz más plural del Europarlamento, se toman y se ejecutan a otros niveles de mayor rango, llámense Consejo Europeo, Comisión Europea o Consejo de la Unión Europea, si bien todos sabemos a ciencia cierta que la que corta el bacalao de verdad es Alemania -ahora de Merkel-. Cada cinco años nos recuerdan con más o menos furor lo importante que es Europa y pese al esfuerzo institucional y partidista nos resulta aún extraño y sumamente perezoso intervenir en estos comicios. Incluso a los mismos políticos, que aprovechan estas elecciones para hablar más en clave interna que de los siempre lejanos asuntos continentales y de medir fuerzas con vistas a otras contiendas más locales (lo hemos constatado en los debates del jueves). La UE, fruto -todavía por madurar- de la semilla plantada por Robert Schuman y Jean Monnet con su propuesta de crear la CECA (comunidad del carbón y del acero) -que vio la luz en 1951-, tiene y debe evolucionar en un modelo más eficaz y cercano de gobernanza y de transparencia y amplitud democrática. Para ello, es imprescindible mejorar, alentar y difundir los canales de participación democrática de los ciudadanos, si no queremos que la UE sea un gigante sin alma.