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La libertad y la caballa – Por Fermín Bocos

   

El debate es una lucha dialéctica en la que hay vencedores y vencidos. Dos son las estrategias para debatir: ofensiva o defensiva. En el debate con el candidato popular Miguel Arias Cañete, Elena Valenciano (PSOE), eligió la que intenta destruir los argumentos del oponente planteando preguntas que centran el debate en el terreno que uno le interesa. En el caso de Valenciano, la política nacional. Y, Cañete que había elegido la estrategia defensiva -consiste en defender las ideas propias (en éste caso los logros del Gobierno Rajoy)-, cayó en el cepo. Valenciano fue más lejos. Empleó a fondo lo que técnicamente se conoce como “estrategia de la división”. Se trata de endosar al rival la etiqueta de lo que la mayoría de la sociedad rechaza, para, a partir de ahí, colocar el mensaje propio en el extremo opuesto. “El PP se lleva mal con la libertad” -proclamó Valenciano-, y, a partir de ahí, desarboló a un desconcertado Arias Cañete que no daba con la tecla ni el papel. Superado, acabó hablando de una “tarjeta que garantizará la libertad de los discapacitados”. “Sabe usted señor Cañete que en Europa hay más de trece millones de mujeres que han sufrido malos tratos” -proclamó Valenciano mirando fijamente a un Arias Cañete que parecía decir que él no había sido-. Un desastre. Cañete empeñado en hablar de las cuotas de caballa y de la PAC y Valenciano en repetir los lemas que han llenado las calles de manifestaciones en contra la reforma laboral, el rescate a los bancos, la privatización de la sanidad, la subida de las tasas universitarias, la reforma de la ley del aborto… etc. Valenciano forzó un debate bis sobre el estado de la Nación en la idea de Rubalcaba de convertir el 25M en un plebiscito sobre estos dos años del Gobierno Rajoy. Cañete no logró llevar el debate al “territorio Europa” que según el decir anterior al debate era su punto fuerte. No fue así y perdió. Perdió también en la puesta en escena. La televisión capta enseguida la inseguridad y a Cañete se le veía nervioso, más lector que conferenciante. Perdido buscando el papel o los papeles para apoyar una réplica. Valenciano acertó al hablar a la cámara y concluir todas sus intervenciones sin dejarse llevar por las subordinadas. Si Arriola y Varela fueron los preparadores, quien dio con la tecla fue el del PSOE. La prueba de que las dos partes sabían que el debate era importante (audiencia: 1.800.000 espectadores), es que ninguno de los dos sacó a colación los casos de corrupción. Seguro que recordaron el chiste del dentista.