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Menudo tomate – Por Román Delgado

   

A veces uno se queda sin gasolina y no le queda más remedio que seguir y seguir hasta el final, hasta que el carro se arrime a la cuneta y ya no quede otra que sacar el pañuelo blanco de otrora: señal de SOS. Sin mucha gasolina, por crítico que parezca, también se camina, se tira y se afloja, y hasta uno se mete en la pelea… Viene esto a cuento de que los cargos políticos nunca se deben relajar ni despistar, y menos si se está en periodo de elecciones, que, si no, la respuesta a demandas legítimas y enquistadas, aparte de patética e impresentable, por banal, poco consistente y por parecer que se dirige a niños que apenas saben tararear, es sobre todo un espectáculo circense de los malos, de los que no consiguen nota suficiente para levantar la lona en el descampado más polvoriento de la ciudad. A los políticos, y se veía venir, los tomateros de las Islas los cogieron el otro día con el pie cambiado o haciéndose los locos; o sea, como si la cosa no fuera con ellos. Sólo se sacudieron las pulgas cuando empezaron a contar gente y vieron que eran muchos más que los que caben en una guagua de las grandes. En ese justo momento, las patujadas, barbaridades y memeces fueron tales que su enumeración ahora mismo le dinamitaría a más de uno el fin de semana programado con mítines, fiestas, paseos y visitas a mercados populosos. Por eso, no me meto con la lista completa, pero sí me paro ante la respuesta vulgar de la tropa política local tras los 3.000 tomateros juntitos en Las Palmas, ya que, en un abrir y cerrar de ojos, tras pasar tanto de todo, unos y otros (CC, PSOE y PP: iguales), amagaron, que sólo es pura intención, con ponerse las pilas. Esa terna de partidos, ahora sí, casi cuatro años después, va a resolver, desde los gobiernos autonómico (CC-PSOE) y estatal (el PP, con toda su mayoría), lo que ha dejado de hacer en todo este tiempo, y mira que se les ha dicho. Pero… Si los que mandan y deben hacer cumplir las normas y las leyes y además están obligados a ser los primeros en no desviarse ni un milímetro de la palabra dada y reflejada en papel de boletín, son los primeros que pasan de todo, los que menos aguantan cuando el medianero entra en la finca, ocurre lo de estos días: la gente sabe que, o hay pollo, o no hay nada. Y así fue cómo, estando ya hasta los teides de promesas de baratillo de tanto tahur zurdo y diestro, la Plataforma de Defensa del Tomate Canario reunió en Gran Canaria a unos miles. Fue eso, gente en la calle. Y muy cabreada. Y ya lo siguiente: “Señores, esto lo vamos a arreglar”. Cuatro años después. Hasta Mato consiguió, tras batir un récord, una reunión con la flamante ministra. El consejero Hernández, más tozudo (otro culpable del entuerto), mandó a que explicaran en una nota oficial que no se trataba de una deuda de casi 20 millones con los tomateros a cuenta del Posei adicional. Que no, que no se debe nada: sólo está sin pagar. Entre la cita celestial pedida por Mato, pura Feria de Abril, y la clase de semántica del consejero, me quedo con que deben casi 40 millones y están mareando la perdiz. Ellos sabrán.