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Mickey Rooney – Por Luis Ortega

   

Le envolvía un cierto halo de eternidad cuando le veíamos en un modesto cameo o en algún sarao benéfico de Los Angeles porque, sin duda, era un recordman. Más de doscientas películas -“Y unos trescientos títulos si contamos las actuaciones de televisión; nunca los conté”- entre 1926 y 2011; ocho esposas -“las quise y las recuerdo a todas”- y nueve hijos -“los atendí a todos hasta que pudieron valerse por sí mismos y por algunos llegué incluso a la ruina”- resumen la extensa biografía de aquel “pequeño gran hombre” que jamás rehusó una oferta de trabajo, “ya fuera de protagonista o humilde secundario”. Querido y, sobre todo, “envidiado”, porque fue -¡casi nada!- el primer marido de Ava Gardner (1922-1990), “el animal más bello del mundo”, según la famosa calificación de un crítico de Hollywood, aunque el matrimonio sólo duró un año (1942-1943). Desde 1978 estuvo casado con Jan Chamberlín, su relación “más larga y feliz, aunque no tuviéramos hijos”. Elegido en un casting infantil para Not to Be Trusted, debutó con seis años y ochenta y cinco después, superados los noventa cerró su filmografía con Gerald. Hijo de un emigrante escocés y de una estadounidense, la clave de su éxito inicial -pese a su pequeña estatura y su apariencia poco agraciada- estuvo en la convicción con la que asumía todos sus papeles, y “en la naturalidad de un hombre de la calle…bajito, eso sí”, que se identificaba con el gran público.

Estrella adolescente en Andy Hardy, Mickey Rooney (1920-2014) explotó también una extraordinaria imaginación y elocuencia, con la que enriquecía cualquier guión y personaje y con una simpatía extraordinaria que, con el paso del tiempo, alcanzó también registros dramáticos de gran intensidad. Alternó su continua presencia en la gran pantalla con su participación en seriales televisivos de éxito, entre ellos Full House y The Adventures of the Black Stallion que, entre 1990 y 1993 alcanzó un altísimo share en Norteamérica y se exportó a los mercados internacionales. Ganador en 1939 del Premio Juvenil de la Academia, fue candidato en cuatro ocasiones -dos como mejor actor y las otras dos como actor de reparto- al Oscar, que obtuvo, con carácter honorario por toda su carrera, en 1982. Su mejor interpretación fue en un típico musical de Broadway que logró una impresionante taquilla -Hijos de la farándula (1939), del talentoso y olvidado director Busby Berkeley y con música de Jack McGowan y Kay Van Riper- con la gran Judy Garland de partenaire, en la que demostró sus cualidades como cantante y bailarín.