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Nacionalismo – Por Claudio Andrada Félix

   

Si nos ponemos a reinventar el lenguaje, algo en lo que el PP ha demostrado que es un auténtico genio, ya que habla de crecimiento negativo para hablar de bajada, o movilidad exterior para referirse a emigración, sería entonces entendible que cuando se define un partido político como nacionalista se pueda interpretar que lo que se persigue sea otra cosa distinta de la construcción de una nación o la reivindicación de la misma. En definitiva, que el término ‘nacionalista’ pueda albergar otras aspiraciones principales que no sean las de crear un Estado. Sí, no se asusten. Ser nacionalista implica buscar un modelo de desarrollo económico, político y social basado en el análisis particular de un territorio y de todo lo que lo circunda (relaciones exteriores, acuerdos multilaterales, hacienda y tributos, política de defensa y delimitación del territorio, entre otras muchas). En definitiva, que nadie ha dicho que ser nacionalista, y más en Canarias (territorio fragmentado, ausencia de una auténtica burguesía de carácter nacional, ‘síndrome de inutilidad del colonizado’, etc.), sea un sendero fácil ni de hoy para mañana. Pero habrá que estar de acuerdo, al menos todos los nacionalistas, en que el primer objetivo de una formulación política así llamada debe ser disminuir la dependencia del exterior en todos los órdenes. El primero de ellos, el alimentario. En definitiva, el sector primario (ganadería, agricultura y pesca) debe permitir a nuestra población disponer de lo básico para su subsistencia sin necesitar importaciones foráneas. Pero como nuestra economía está sustentada básicamente en el sector servicios y sus empresas para atender a la que sin duda es nuestra principal y prácticamente única industria, el turismo, debemos hacer de esta debilidad virtud y potenciar el regreso de los numerosísimos parados, sobre todo jóvenes, a las tareas relacionadas con el abastecimiento agrícola, ganadero y pesquero.
Pero parece que no importa o resulta inútil atender lo más urgente y dejar para más adelante (que mira que hemos tenido más de 500 años) las discusiones puristas que en la mayoría de los casos no concitan entre nuestro pueblo el más mínimo interés. La realidad es que si no somos capaces de que las ideas de soberanía calen entre nuestra población porque no las vean como única salida a esta situación económica, política y social de absoluta indignidad y dependencia, poco habrá que discutir entre los independentistas.
Si entre los nacionalistas (dícese de los que persiguen una nación, a ver si queda claro) no comenzamos a abanderar la generosidad con el resto de fuerzas de la misma ‘familia’ y mantenemos los destierros ideológicos a unos y a otros por auténticas estupideces, jamás conseguiremos generar una conciencia nacional que permita que nuestro pueblo, auténtico destinatario de la liberación nacional que se propone, dé el salto y proclame la necesidad de ser un país; ese país que nuestros viejos y viejas soñaron, aunque nunca les estuvo permitido pensar en clave canaria.

claudioandrada1959@gmail.com