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Olvidadas – Por Pedro Murillo

   

Me la imagino con las manos ahítas de pan de oro y cuarteadas por los pigmentos. Enseñando en la sombra fresca de la nave del evangelio de un templo a su tocaya, Juana, una mulata esclava. Ella también compartía nombre y sólo lo conocemos el asiento en un documento notarial. Juana Gallega, fue una de las miles de mujeres que intentaron hacerse un hueco en la producción artística en pleno siglo XVI, al socaire de la férula implacable de una sociedad patriarcal y dentro de la mas estricta enseñanza gremial. Respiraron, pintaron, esculpieron y al fin fueron olvidadas. Afortunadamente, esa falocracia historiográfica fue progresivamente perdiendo fuelle a partir de finales de la décadas del pasado siglo. Tuve la suerte de estudiar esa deliciosa carrera, ahora amenazada por la inepcia de ministerios y rectores, en un momento donde superada el positivismo del archivo, se comenzaron a prestar mas atención a aspectos de la vida cotidiana de los artistas, a contemplar la obra como objeto humano y en consecuencia marcado por unas coordenadas socioculturales y económicas. En este sentido, los estudios feministas en relación a la Historia del Arte gozan de muy buena salud, por lo que ha sido todo un grato descubrimiento el estudio de Yolanda Peralta Sierra, editado por Idea.

Peralta es doctora en Historia del Arte por la Universidad de la Laguna y profesora en la UNED. Su sensibilidad por el papel de la mujer en el devenir histórico artístico del Archipiélago le ha movido a publicar este estudio en forma de diccionario biográfico, donde podemos encontrar un impresionante y documentado recorrido por las principales pintoras y escultoras canarias. Se trata de una herramienta no solo interesante para el estudio de estas artífices poco conocidas sino un ejercicio reivindicativo que va mas allá de la mero estudio formal. Podemos comprobar a través de la sucesión de nombres, cómo evoluciona la imagen del artista desde una producción gremial siempre dentro del ámbito del pupilaje familiar hasta la tímida permisividad romántica o el claro machismo que sorprende encontrar en la etapa de las vanguardias del siglo XX. Son nombres para la otra historia, de las que fueron pero no permanecieron, de las que crearon algo mas que niños y fueron olvidadas. Como Juana Gallega, quien quiera que fuese enseñando a dorar a su tocaya un retablo en pleno siglo XVI.